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Lia se hizo viral con su discurso provida. No sabía que su propia madre había abortado
Siente su activismo como una llamada de Dios, que también ha ayudado a propia madre a «hacer un proceso de sanación y perdón».
Actualizado 24 marzo 2017 - 0:0  
Portaluz/ Alfa&Omega   


La cámara de vídeo de una máquina de fotos compacta y una niña de 12 años delante de una pared blanca que inicia así su discurso…

«¿Qué pasaría si os contara que, ahora mismo, una persona puede decidir si vives o mueres? Miles de niños están ahora mismo en esa situación. Alguien, sin ni siquiera conocerlos, va a decidir si viven o mueren. Ese alguien es su madre. Y esa decisión es el aborto».
 
Así comienza el vídeo que catapultó a la fama a la canadiense Lia Mills. Su madre había decidido grabar en casa el discurso que estaba preparando para un concurso en el colegio. Ya había empezado a aprender lo que supone hablar del aborto: su maestra del colegio le había dicho que con ese tema no podía participar en el concurso.
 
Lia se lo pensó, porque era muy competitiva. Pero lo que había descubierto hasta entonces sobre el aborto, y el estar convencida de que era algo que Dios le pedía la animaron a seguir adelante, incluso si la descalificaban. Sin embargo, al escuchar su discurso, la profesora se convirtió en uno de sus principales apoyos.
 
2,8 millones de visitas
 
Además de ganar el concurso a nivel de su colegio, su vídeo se hizo viral. En los ocho años que han pasado, 2,8 millones de personas han visto el vídeo. Desde entonces, Lia Mills no ha dejado de participar en todo tipo de actos provida. También compatibiliza sus estudios –ha hecho Ciencias Políticas, Ciencias de la Mujer, y se plantea empezar Derecho– con visitas a colegios e institutos para hablar a niños y jóvenes de la defensa de la vida.
 
Con todo, lo más sorprendente de todo es cómo empezó todo. Cuando eligió hablar sobre el aborto, Lia ni siquiera conocía esa palabra. «En mi casa nunca se hablaba de ello», y ella solo tenía la ligera idea de que algunas personas mataban a los niños no nacidos. En su casa eran cristianos y provida, pero no activistas. Para elegir el tema, «recé y pedí a Dios que me dijera sobre qué quería que hablara. Y me dijo: “¿Por qué no sobre esto?”».
 
«No cambió nada»
 
El silencio en su casa se debía, en parte, a que «mi madre abortó cuando era joven, así que era un tema delicado». Lia no lo sabía entonces, ni lo supo hasta dos años después. «En esa época yo estaba empezando a hablar de la falta de información» que se da a la mujer. «Mi madre me contó que su experiencia había sido así. A los 16 años, se quedó embarazada de mi padre, antes de casarse».
 
Su vida había sido tal torbellino en los últimos dos años que «simplemente pensé: “Vaya. ¿Qué más va a pasar?” No recuerdo que fuera difícil. Era mi madre y la seguía queriendo. No cambió nada entre nosotras. De hecho, me apasionó más porque me di cuenta de que el Gobierno la había mentido».
 
Con el tiempo, se enteró de que, como consecuencia del aborto, su madre había tenido dos abortos espontáneos y había llegado a pensar que no podría tener más hijos. «Me llevó tiempo comprender lo que todo eso significaba realmente: que por culpa del aborto había perdido a tres hermanos». Lia no habla mucho de ello, pero sí lo utiliza para responder a quienes la acusan de «ser muy joven, no saber nada del aborto ni haberse visto nunca afectada por una situación así».
 
«Tuvo que mirarlo a la cara»
 
Por otro lado, también se sintió agradecida por «haberme centrado siempre en las consecuencias del aborto, no en decir que las madres que abortan son malas y asesinas. Me di cuenta de que el aborto no era una cuestión aséptica, sino que afectaba a mujeres y niños de verdad y que debía tener sensibilidad».
 
En cuanto a sus padres, que una de sus hijas tenga el carisma del activismo provida les alegra, porque les permite ver que «algo bueno ha salido de esa experiencia. Mi madre siempre había querido compartirlo, contar que no era tan maravilloso como se vende. Alguna vez ha venido conmigo a un acto y ha compartido su historia».
 
Pero al principio no fue nada fácil ver cómo su hija, de repente, se entregaba a esta cuestión en cuerpo y alma. «Me han dicho luego que al principio fue muy duro para ellos. Nunca lo habían afrontado hasta que yo empecé a hablar de ello. Entonces, tuvo que mirar a la cara a ese error que había cometido. Ahora da gracias por ello, porque pudo pasar por un proceso de sanación y perdón. Desde entonces, hay más libertad entre mis padres y en la familia».