El doble discurso

La ONU tiene organizaciones pro pedófilas en su seno

21 de junio de 2014

Hay organismos de la ONU que insisten en acusar a la Iglesia Católica por los casos de abusos de menores y al mismo tiempo acogen a organizaciones pro pedófilas en su seno

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El escándalo ha sido destacado en el portal italiano La nuova bussola quotidiana. Se trata del Instituto Kinsey -una organización de investigación sobre el sexo, el género y la reproducción-, que el 23 de abril fue acreditado como organismo asesor del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC).

Las investigaciones de Kinsey

El Instituto continúa la obra (y lleva el nombre) de Alfred Charles Kinsey, un entomólogo que se entregó al estudio de la conducta sexual y que publicó el infame Informe Kinsey. Como ha señalado Roberto Marchesini en el artículo titulado Kinsey, fue un gurú maniaco de la cultura gay...

“El aspecto más preocupante de este personaje -señala Marchesini- se refiere a los experimentos sexuales llevados a cabo en niños. En la sección titulada ‘El orgasmo en sujetos impúberes’, del primer Informe Kinsey, describe el comportamiento de cientos de niños de cuatro meses a catorce meses víctimas de pedófilos. En algunos casos, Kinsey y su equipo ha constatado (filmando, contando el número de ‘orgasmos’ y cronometrando el intervalo entre uno y otro ‘orgasmo’) el resultado del abuso de niños”.
 
“En 5 casos de sujetos pre púberes -continúa denunciando Marchesini- las observaciones fueron continuadas por períodos de meses o años (...). También hubo niños sometidos a esta tortura durante 24 horas seguidas: el máximo observado fue de 26 paroxismos en 24 horas, y el informe indica que sería posible lograr aún más en el mismo periodo de tiempo”.
 
Marchesini en su reporte agrega que… “en el segundo informe hay una sección titulada ‘Contacto en la edad prepuberal con hombres adultos’, que describe las relaciones sexuales entre niños y hombres adultos, por supuesto, con la presencia de Kinsey y sus colegas. Las observaciones de Kinsey lo condujeron a afirmar que:
 
«Si la niña no está condicionada por la educación, no es cierto que las aproximaciones sexuales en estos episodios (contacto sexual con hombres adultos), la perturbarían. Es difícil entender –afirmaba Kinsey- por qué un niño, a menos que esté condicionado por la educación, debe ser perturbado cuando se le tocan los genitales, o perturbado al ver los genitales de otra persona, o en tener contacto sexual aún más específico. Cuando los niños son puestos en guardia constantemente por los padres y maestros contra los contactos con adultos, y cuando ellos no reciben ninguna explicación sobre la naturaleza exacta de los contactos prohibidos –continuaba Kinsey-, no están dispuestos a dar manifestaciones histéricas cuando cualquier adulto se acerca a ellos, o dejar de hablar con ellos en la calle, o acariciarlos, o proponer hacer algo con ellos, incluso si esa persona no tiene ninguna intención sexual. Algunos de los expertos más conocedores del problema de la juventud son de la creencia de que las reacciones emocionales de los padres, los agentes de policía y otros adultos que descubren que su hijo ha tenido contacto, pueden perturbar al niño más en serio que los propios contactos sexuales» –concluía Kinsey”.
 
Paul Gebhard, colaborador de Kinsey y futuro director del instituto, admitió que “cuando entrevistamos a los pedófilos, estábamos seguros de que continuarían con sus actos, pero no hicimos nada.”
 
Pero nunca han sido demandados por pedófilos quienes fueron estudiados por el equipo de Kinsey, por la sencilla razón de que, como añade Genhard, “no podría haber habido ninguna investigación si los hubieran arrestado”. Y así continúa: “Fueron prácticas ilegales y sabíamos que era ilegales, y es por eso que muchas personas están furiosas.”
 
De hecho John Bancroft, director del Instituto del 1995 hasta el 2004, no tuvo reparos en reconocer que Kinsey aseguró el ‘anonimato a los informantes’ y siempre evitó ‘juicios de valor acerca de su comportamiento’.
 
Kinsey, favorable a cualquier parafilia incluyendo el bestialismo, según se desprende delos estudios y escritos que él mismo registró, también afirmaba que el 95% de la gente realiza delitos sexuales y por lo tanto se debe revisar el concepto de “normalidad” y revisar las penas por esos delitos. Él mismo dio testimonio a favor de los pedófilos y sus estudios favorecieron una línea más suave en la imposición de sanciones por los delitos de pedofilia en Estados Unidos.
 
Kinsey en Estados Unidos y la Comunidad Europea

El Instituto Kinsey, que con los años ha recibido apoyo sustancial de la Fundación Rockefeller, ahora está extendiendo un programa de educación -o mejor dicho: Iniciación sexual – llamado SIECUS (Sexuality Information and Education Council of United States) dirigido a niños y adolescentes, que enseña incluso la masturbación a niños de 5 años y como tener los primeros avances sexuales. El SIECUS ha sido una de las fuentes para la redacción de la sección europea del documento de las Naciones Unidas “Normas para la educación sexual en Europa” (leer aquí).

Recordemos también que el Instituto Kinsey instituye becas en memoria de John Money, el psicólogo infame que persuadió a los padres de Bruce Reimer para educarlo como niña, con el resultado de que un día Bruce -luego llamado por todos Brenda- se suicidó por desesperación.
 
Ahora en Estados Unidos ha comenzado una petición patrocinada por el sitio stopthekinseyinstitute.org para que se revoque el respaldo al Instituto Kinsey de parte de la ONU. La petición fue relanzada desde el sitio web CitizenGO.org (pulse aquí para firmar).

Algunos precedentes pueden dar esperanza para que se logre sancionar al Instituto Kinsey: ILGA (International Lesbian, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex), la más poderosa asociación homosexual en el mundo, perdió su acreditación en 1993 en la ONU, precisamente por la sospecha de asociación con alguna realidad pedófila.


 

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