Servir a Cristo en el mundo de "lo inmediato"

20 de marzo de 2024

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Hoy en día lo que más se valora en nuestra sociedad es "lo inmediato", lo que se obtiene sin esfuerzo en el momento que se desea. La sociedad se oriente a ello en todos sus aspectos. Todo se sintetiza en compra y venta. Compramos lo que nos ofrecen sin pensar. Pagamos el precio de la sumisión a las formas, ideologías y tendencias de cada momento. Pero servir a Cristo no es nada inmediato ni nos conduce a algo inmediato.

 

Qué sea servir a Cristo, lo encontramos en sus mismas palabras: "Si alguno me sirve", etc. Ahora bien, sirven a Jesús los que no buscan su gloria propia, sino la de Jesucristo. Esto es lo que quiere decir "sígame"; ande mis caminos, no los suyos, haciendo por Cristo no solamente aquellas obras de misericordia que pertenecen al cuerpo, sino hasta aquélla de sublime caridad, que es dar la vida por sus hermanos. ¿Pero cuál será el fruto de esto? ¿Cuál la recompensa? Hela aquí: "Y en donde yo estoy, allí también estará mi ministro". Ámese gratuitamente a fin de que el precio de la obra con que se sirve sea estar con Él. Estas palabras debemos tomarlas como explicación de lo que antes había dicho: "Allí también estará mi ministro". Porque, ¿qué mayor honra puede recibir el hijo adoptado que la de estar allí en donde está el Único? (San Agustín. Tratado del Evangelio según San Juan, 51.)

 

Quien sigue las pisadas de Cristo, le sigue a Él. Quién se niega a sí mismo, reafirma que Cristo es el Camino, Verdad y Vida. Quien toma su cruz personal, acepta aquello que Dios le ha dado para trascender lo inmediato. Hoy estamos acostumbrados a que los medios y tecnologías humanas hagan aparentes "milagros" para que nuestros deseos se hagan realidad. Esto se puede ver en las redes sociales, en las que los filtros de belleza recrean la obra de Dios de forma que nos sintamos falsamente atractivos ante los demás.

 

La Semana Santa es un momento especial. Un tiempo litúrgico en el que reflexionar sobre el camino que andamos en el día a día. Es un tiempo en el que recordamos que Dios mismo se hizo humano y que ofreció su vida por nosotros. Un momento en el que el podemos entender que el sufrimiento nos da sentido, cuando es Voluntad de Dios que nos desprendamos de todas las falsas apariencias que llevamos con nosotros. De nuevo, las redes sociales evidencian que lo falsamente bello y atractivo, es lo que vende. Lo inmediato se paga con nuestra esclavitud al mundo. Un mundo que no está hecho a medida de Dios, sino a medida de nuestros deseos.

 

No es sencillo evangelizar en las redes. Cada vez es más complejo hacer presente a la Verdad, cuando la mentira interesada es lo que abunda. La creación de bandos enfrentados y la lucha por la preponderancia mediática. Cristo saludaba diciendo "La Paz sea con vosotros". Hoy las ideologías nos mantienen enfrentados dentro y fuera de la misma Iglesia. Sin duda, Dios sabe controlar las mareas del mundo y el momento que vivimos es un momento de limpieza de todo lo humano que hemos tomado como base de nuestra religión.

 

En esta última semana de Adviento, conviene reflexionar sobre todo esto y buscar las verdaderas pisadas de Cristo, para seguirlo. Como dice San Agustín: Pero ¿cuál será el fruto de esto? ¿Cuál la recompensa? Hela aquí: "Y en donde yo estoy, allí también estará mi ministro". Ojalá nos suceda como a San Mateo. Cristo se acercó a él y le pidió simplemente que lo siguiera. Dios nos ayude a responder dejando todo.

 

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