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A un barista de Sicilia su novia lo abofeteó cuando le dijo que la dejaba para ser sacerdote

A un barista de Sicilia su novia lo abofeteó cuando le dijo que la dejaba para ser sacerdote
"Yo solía ir a la parroquia Maria SS. della Catena o, mejor dicho, ayudaba al párroco con el catecismo e intentaba sacar a los chicos de la calle" (Extracto del testimonio de Salvatore Lucchesi).
Actualizado 20 agosto 2021  
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El llamado a trabajar en la viña del Señor le llegó a una edad ya madura, 43 años, al siciliano Salvatore Lucchesi. Oriundo de Aci Catena, una pequeña ciudad de veintiséis mil habitantes, Salvatore trabajaba como barista en la cercana comuna de Acireale (Catania, Sicilia).
 
Su infancia no fue la más fácil como segundo hijo de padres sordomudos, católicos, pero no asiduos a la iglesia. “Lo recibí todo de ellos”, dice emocionado y añade: “Me llenaron de amor”. Salvatore tuvo que adaptarse a una vida cotidiana hecha de sacrificios, pero esto le ayudó a madurar en la conciencia de que “el plan de Dios para ti sigue caminos inesperados. Siempre iba con mucho ánimo a la iglesia y cada día sentía que esa sana inquietud crecía en mi interior”, recuerda.
 
Salvatore estaba contento con su trabajo, tras la barra del bar, charlando con mucha gente y conociendo así “realidades diversas del mundo”. Pasados los 30 años sentía que su vida estaba organizada; tenía novia, compartía buenos tiempos con los amigos, pero cada cierto tiempo, dice, “una sensación de vacío” surgía en su alma y no era capaz de entender el por qué. Poco a poco iría comprendiendo que quizá había algo más para él en la vida. “El Señor tuvo tanta misericordia de mí. Gracias a esta misericordia, tras un largo y nada fácil camino, llegó la vocación”.
 
Sacar a los niños de las calles


 
“Algo dentro de mí estaba cambiando”, reitera, “y yo no entendía qué era. Solía ir a la parroquia Maria SS. della Catena o, mejor dicho, ayudaba al párroco con el catecismo e intentaba sacar a los chicos de la calle”.
 
Así fue como Salvatore nunca dejaba de estar atento cuando hablaba con los niños difíciles del barrio. Le contaban sus problemas y agradecían porque no solía ahogarlos con juicios ni órdenes para sus vidas, sino que les acogía escuchándolos con atención. “La vida se puede cambiar si queremos. Dios te ama por lo que eres”, es una de las frases que les repetía varias veces.
 
Tenía 35 años cuando escuchó la llamada y confesárselo a su padre Lucio -hoy ya fallecido hace seis años- y a su madre Ángela no fue fácil. “Al principio no se lo tomaron muy bien, pero luego aceptaron mi decisión con serenidad”. Tampoco fue simple con su prometida, quien reaccionó abofeteándole, confidencia. ¿Su mayor deseo? Ser sacerdote de los humildes: “Sólo estando al lado de los que sufren, de los necesitados, de los marginados, podré experimentar la belleza de Dios”, afirma.
 
“Dios lo sabía desde el principio”


 
El pasado 25 de abril con la emoción latiendo en cada músculo de su cuerpo, Salvatore dobló sus rodillas y se recostó decúbito prono, cuan largo es, sobre el suelo de la Basílica de San Pedro, ante el altar mayor, donde el Papa Francisco presidía la celebración en que lo ordenaba sacerdote junto a otros nueve jóvenes diáconos.
 
“Hoy estoy cumpliendo mi sueño, no hay mayor regalo que la vocación: después de mucho tiempo he descubierto que mi felicidad, estaba en manos del Señor, Él lo sabía desde el principio. Le agradezco la misericordia que tuvo conmigo”, dice Salvatore.


 
El Papa Francisco durante la homilía les dirigió estas palabras: “Sean pobres como pobre es el santo Pueblo de Dios. No sean trepadores siguiendo la carrera eclesiástica, porque entonces se convertirán en empresarios y funcionarios, que pierden esa pobreza que los asemeja a Cristo pobre, al Crucificado. No sean sacerdotes empresarios sino servidores. Aléjense del dinero (…) Busquen el consuelo en Jesús, en la Virgen, no olviden a la Madre. Sean consolados allí y lleven las cruces, de la mano de Jesús y de la Virgen. No tengan miedo. Si ustedes están cerca del Señor, de los obispos, cerca entre ustedes y cerca del pueblo, no tienen que tener miedo porque todo irá bien”.


Fuentes: Gazzetta del Sud, Giornale di Sicilia Vatican News

 
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