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Arropado por la fe de su pueblo, con banderas al viento el Santísimo Sacramento recorre Chile

Arropado por la fe de su pueblo, con banderas al viento el Santísimo Sacramento recorre Chile
Es la "Fiesta de Cuasimodo" en la que este año participará Monseñor Darío Viganó, prefecto de Comunicaciones de la Santa Sede.
Actualizado 21 abril 2017  
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Portaluz/ Tito Alarcón   


Como cada año, el primer domingo después de la Pascua de resurrección, este 23 de abril en pueblos, caseríos y ciudades de Chile celebran la tradicional fiesta donde “cuasimodistas”, guardianes del Santísimo Sacramento, montados en caballos, bicicletas u otro tipo de vehículos, llevarán la Comunión a personas ancianas y enfermas.
 
Este año participará de manera especial junto al arzobispo de Santiago de Chile, Sr. Cardenal Ricardo Ezzati,  Monseñor Darío Viganó, prefecto de Comunicaciones de la Santa Sede, de visita en el país sudamericano.
 
Uno de los lugares más tradicionales que en Chile celebra “La Fiesta de Cuasimodo” es la localidad llamada: Colina.
 
El fotógrafo e investigador costumbrista chileno Tito Alarcón publica en el portal “Identidad y Futuro” un apasionado relato e imágenes de esta fiesta, que Portaluz reproduce con su autorización para nuestros lectores:
 

 Cuasimodo

Al alba salimos de Santiago rumbo a Colina, situada 30 kilómetros al norte de la capital chilena. No para un paseo dominical cualquiera, sino para participar en una de las más antiguas festividades religiosas populares del país, la Fiesta del Cuasimodo, una procesión eucarística realizada cada año el domingo siguiente al de Resurrección. Fiesta religiosa, que fue calificada por el Papa Juan Pablo II como “verdadero tesoro del pueblo de Dios”.(1)

Su peculiar nombre, que puede causar extrañeza en algunos, se forma por las dos palabras iniciales de la antífona de entrada de la Misa de ese día: Quasi modo geniti infantes (“como niños recién nacidos”). Ese día tan especial, centenares de huasos montando hermosos caballos equipados con sus mejores aperos, salen a correr a Cristo —como dice la pintoresca expresión de los campesinos—acompañando al cura párroco que lleva la comunión a los ancianos y enfermos que no pudieron recibirla en las celebraciones de Semana Santa.

Antes de las siete de la mañana llegamos al poblado. Filas interminables de jinetes cuasimodistas vuelven difícil el desplazamiento por las calles y los carabineros ya habían desviado el tránsito en los alrededores de la Parroquia de la Inmaculada Concepción, una de las más antiguas del país, edificada en 1576.

La ciudad entera se hizo presente. Nadie quiere perderse la salida del Cuasimodo desde la iglesia. Las madres concurren con sus hijos vestidos de cuasimodistas. Desde la infancia empiezan a participar en la procesión, cabalgando junto a sus padres y hermanos.
 

El origen del cuasimodo
 
Aunque la teoría comúnmente aceptada dice que el Cuasimodo tuvo sus orígenes en la Colonia, no hay fuentes precisas que la avalen. Sólo se conoce una crónica del diario El Mercurio de Valparaíso, publicada en 1841, en que se afirma que ya se conocía esta fiesta desde el primer cuarto del siglo XIX.

De acuerdo a la tradición oral, surgió gracias al celo de unos sacerdotes dominicos que salían a llevar la comunión a los enfermos dispersos por los campos durante la Pascua, montados a caballo y llevando el Santísimo bajo el poncho. Los jinetes de escolta indicaban el recorrido y, eventualmente, protegían al sacerdote de asaltos durante el trayecto.
(…)


El Cuasimodo de Colina

Frente a la Parroquia una carroza color crema, revestida interiormente con tapiz blanco, espera la llegada del sacerdote con el copón que contiene las Hostias consagradas para la Comunión de los ancianos y enfermos, previamente empadronados por los mismos cuasimodistas, que indicarán el camino de la columna montada.

A las siete y media de la mañana se apean veinte huasos que componen la guardia personal del sacerdote, cada cual con una bandera chilena, formando rápidamente un arco de banderas bajo el que, después de saludar a todos los presentes, el ministro de Dios avanza en dirección a la carroza... Al tañido de las campanas que llevan los cuasimodistas se da inicio a la marcha. Primero al trote, después al galope, avanzan cerca de 1500 caballos, haciendo temblar el suelo por donde pasan, montados por los corredores de Cristo, los custodios de Jesús Sacramentado. Saliendo por Avenida San Martín, la grandiosa procesión de jinetes hace un pequeño alto en la capilla de Santa María, en las inmediaciones de la ciudad. Enseguida se continúa la marcha y, siempre al galope, se entra al poblado de Esmeralda, cuyas calles están adornadas con guirnaldas de papel blanco y amarillo. Una gran cantidad de fieles se santigua y se arrodilla al paso del Santísimo. En cada lugar donde hay enfermos por comulgar hay un pequeño altar coronado por un arco de hojas de palmera, cuya esmerada confección revela el ingenio y el fervor de los campesinos.

La procesión abarca más de ocho manzanas, lo que hace imposible que todos sus participantes estén presentes en cada ceremonia de Comunión. Por eso están divididos en grupos de acuerdo a sus respectivas hermandades. El grupo que asiste a una ceremonia pasa después al final del cortejo, dándole cabida al grupo siguiente. Es impresionante sentir la resonancia de tantos cascos sobre la tierra y presenciar la fe y devoción con que estos campesinos escoltan a Nuestro Señor Sacramentado. Durante todo el recorrido, brilla en sus ojos la alegría de ser católicos.

La fiesta del Cuasimodo no tiene cantos propios, pero sí proclamaciones de trechos de la Liturgia, como los siguientes:

“Santo, Santo, Santo es el Señor Dios de los Ejércitos;
llenos están los cielos de la majestad de su gloria”. “Gloria al
Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo”.


Dejando atrás el poblado de Esmeralda, la procesión se interna por precarios caminos rurales hasta la capilla de Rosario Sur, otra localidad cercana. Después de un pequeño descanso, continúa la cabalgata hacia otros alejados lugares donde el Rey de Reyes va a visitar los hogares y los corazones de sus hijos ancianos y enfermos. El día ha sido agotador para todos los jinetes, cierto cansancio se nota en sus rostros curtidos por el sol.

Pero esos hombres acostumbrados al duro trabajo del campo, aún están con ánimo para terminar la jornada con broche de oro. Son casi las cinco de la tarde cuando la comitiva llega a la Medialuna de Colina, amplio recinto abierto donde se realiza el acto culminante del Cuasimodo: la celebración de la Eucaristía, presidida por el Arzobispo de Santiago. Con la celebración de la Misa termina la esplendorosa fiesta. Tal como los demás participantes, nos alejamos lentamente, empezando ya a echar de menos esa manifestación de fervor y belleza. Así como el Cuasimodo nos invita a correr a Cristo, anunciando la fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía, corramos también nosotros junto a Él, busquémoslo, acompañémoslo y permanezcamos a su lado hasta el día en que podamos verlo cara a cara en el Cielo.


1) Discurso sobre la religiosidad popular y devoción mariana, La Serena, 5/4/1987.

 
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