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Carta abierta a los jóvenes no creyentes

Actualizado 12 junio 2015  
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P. Juan Avila Estrada   


¿No crees? Dios no tiene problemas con los que no creen pues no son culpables de eso, el problema está cuando cierras tu mente a la verdad.

 
Hoy quiero hablarte a ti, no me conoces, no sabes seguramente quién soy. Sólo puedo empezar diciéndote que soy cura. Pero espera…no me juzgues por mi condición, no te voy a sermonear, ni a amenazarte con el infierno, ni a decirte que llevas mal tu vida. Sólo quiero hablarte como alguien que un día encontró desde muy temprano un enorme tesoro que me ayudó a cambiar toda la perspectiva de lo que era.

Nunca consumí droga, ni alcohol, no puedo decirlo porque no es verdad. Sólo jugaba (mal, debo reconocerlo, pues no era hábil para la competición), intentaba recrearme como tú y ser feliz.
 
No puedo decir que el Señor me hubiera sacado de una enorme cloaca donde no llegaba ningún poder humano. Sólo puedo decir que vivía, luchaba por mantener la felicidad que encontraba en cada cosa que hacía y alegraba momentáneamente el corazón.
 
Pero no, todo se esfumaba de la forma como venía. Cuando empecé a “filosofar” , a preguntarme por primera vez ¿quién soy? no me contentaba con dar mi nombre, eso no satisfacía mi sed de algo que no sabía lo que era.

¿Rezaba? Sí, me lo habían enseñado y sólo sabía hacer lo que muchos saben hacer cuando rezan: pedir. Pero no era suficiente. Mi corazón quería algo más profundo que eso, ¿te ha pasado?

Había algo que me decía que no podía contentarme con ser uno más de aquellos seres vivos que definían como los que “nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Fue ahí cuando decidí tomar en serio mi vida interior. No tenía idea lo que era eso, pero algo me decía que existía lo que muchos llaman alma, que no sabemos dónde está pero como un día me enseñó una maravillosa mujer: “sabes que existe justo cuando te duele”.

No me conoces, sólo queda de mí una pequeña referencia, ya te lo dije, soy sacerdote; eso puede hacerme despreciable para ti, puedes estar pensando que soy todo lo que afirman de nosotros, o un frustrado, un “lava cerebros”, un comerciante de la fe.

Pero sólo puedo decirte que soy un humano, que llora como has llorado, que ha sentido una soledad hermosamente acompañada, alguien que tiene hijos (muchos hijos), esposas (muchas esposas) y padres (por montones), es que  me han cumplido una promesa que me hicieron cuando le conocí.

¿Sabes algo? Vivo enamorado de un hombre que  me seduce; es extraño escuchar eso pues suena rosa (claro, es que es un cura, pensarás), pero ese hombre cada vez que me he postrado delante suyo me ha levantado como un vencedor, como un hombre nuevo, nunca me ha condenado por nada, sólo ha sabido susurrarme delicadamente su inmenso amor, ese que descubrí en la cruz. Y sus brazos abiertos nunca los ha apretado para esclavizarme sino para darme una libertad que sólo él ha sabido permitirme

De seguro te has enamorado, no una ni dos veces,  has arañado el afecto en amigos y novios (as), y probablemente eres el más pesimista del amor. “Eso es una tontería ridícula que sólo creen los ingenuos”. Pero es que el amor humano es imperfecto, por eso es construible, perfectible y dolorosamente paciente.

Pero yo te presento un amor perfecto, uno que nunca falla, que estará ahí cuando llores, cuando sufras, rías, triunfes. Creo que ha llegado el momento de darle la oportunidad a Alguien que probablemente ha sido indiferente para ti o un perfecto desconocido. Lo merece. Has dado la oportunidad a muchos y todos te han fallado, pues aquí hay uno que, aunque suene a cliché, “nunca te abandonará”.

Mira la cruz, sus brazos abiertos, sus ojos cerrados pensando en ti y todo el amor que te ofrece. ¿Quieres vencerle? Déjate vencer por él. No te pide que le creas, simplemente que te dejes amar. Es ahí donde descubrirás aquello otro que encontró un hombre llamado Pablo de Tarso y pudo decir: “Todo lo considero basura después de haber conocido a Jesús”.

¿De qué eres esclavo? ¿La droga te puede, el alcohol te domina, el apego afectivo te ha hecho depender del otro como de un respirador? Hoy puedes ser libre, pues para eso murió Cristo, para hacerte libre, para que  no haya nada ni nadie que pueda volver a esclavizarte nunca más… NUNCA, ¿LO OYES?

Nada pierdes con ensayar su amor. Vale la pena un acto de confianza plena en alguien que te ha amado tan gratuitamente, tan mortalmente.

Y hoy confieso que si Jesús es una fantasía es la más bella de todas y no quiero despertar nunca de este hermoso sueño, que se ha vuelto mi esperanza. No quiero como muchos, amanecer pensando en lo pesado de la vida sino en lo maravilloso que es vivir para Él y por Él del modo como ha vivido por mí.

¿No crees? Dios no tiene problemas con los que no creen pues no son culpables de eso; el problema está cuando cierras tu mente a la verdad, a evolucionar, a crecer, a creer que el cerebro es un monolito que sólo puede grabar interminables conceptos escolares. Nada pierdes con Jesús, nada quita, todo lo da. Es maravilloso enamorarse de él. Cuando eso sucede ya no llamaremos amor a cualquier cosa que quieran ofrecernos como el oropel.

Quienes conocen su amor, ya no se contentan con migajas. No hemos sido creados para escarbar en los contenedores de basura para extraer los afectos que cada quien desperdicia de sí mismo. Jesús no es “sobras” es plato fuerte. 


Fuente: Aleteia.org/es

 
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