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El amor cristiano. Amar sin ser amados

Actualizado 22 abril 2016  
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Jesús Álvarez García, ssp   

 

Comentario al Evangelio del domingo 24 de abril. Juan 13,31-33a.34-35

 
Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.  Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'.
Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros".

 
 
Comentario
 
Jesús, en la inminencia de su pasión, Jesús se despide y dice a los discípulos que de momento ellos no pueden ir con Él a la muerte; pero, una vez resucitado, los acompañará en sus obras de evangelización y salvación a favor de los hombres, y les dará la fortaleza para imitarlo hasta el amor más grande: “Dar la vida por los que se ama” (Jn 15, 13), para recobrarla de manos del Padre.
 
Al recuperar la vida como él, mediante la resurrección, los discípulos subirán con Jesús para siempre a la gloria eterna. Y como fue para los discípulos de entonces, lo será también para los de hoy, para nosotros, si lo imitamos como ellos.
 
Jesús deja a los discípulos su testamento de amor: “Ámense unos a otros como yo los amo” (Jn 15, 12). San Pablo recalca: “Si no obro por amor, de nada me sirve” (1Cor 13, 1).
 
No se trata de un consejo, sino de un mandamiento, síntesis de todos los mandamientos. Si cumplimos ese mandato, todos los demás están cumplidos: “Ama y haz lo que quieras”, decía san Agustín. Sólo podemos salvarnos y salvar a otros mediante el amor salvífico al prójimo, anclado en el amor de gratitud a Dios.
Éste es el amor verdadero que da plenitud a la vida, nos hace cristianos auténticos, felices en el tiempo y en la eternidad. Amor que da valor de salvación a nuestra vida y a nuestras obras.
 
El amor cristiano consiste amar al prójimo como Cristo lo ama. Ese es el amor pleno, que nos da la fuerza de entregar la vida por quienes amamos, como nuestro Salvador lo hizo.
 
Este amor nos hace testigos de Cristo resucitado, presente y acogido entre los suyos unidos en la fe y el amor. “En esto reconocerán todos que ustedes son discípulos míos: en que se aman unos a otros” (Jn 13, 35). Nada resulta convincente si falta el amor. Ni siquiera la Eucaristía, ya que puede hacerse escándalo, si no se celebra y no se vive con amor fraterno.
 
El amor cristiano (amar sin ser amados) es la característica que nos distingue de otras confesiones. Sólo el amor verdadero a Dios y al prójimo nos puede merecer la resurrección y la vida eterna. Por eso es necesario pedirlo y cultivarlo asiduamente.

 
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Jesús Álvarez García, ssp es sacerdote de la Sociedad de San Pablo, español y residente en Chile. Teólogo de la Universidad Gregoriana de Roma.
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