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Camino de Conversión

Actualizado 3 octubre 2013  
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Marcelo Dezzi   


Los científicos hablan de mente o de psiquis, y los teólogos nos hablan del alma; permítanme decirles que alma, mente o psiquis son exactamente lo mismo pero en distintos idiomas. Las potencias del alma, que nos plantean desde lo teológico, son funciones psíquicas: memoria, voluntad y entendimiento. El hombre que sufre es uno solo, no existe un hombre que tiene alma y otro que tiene psiquis; en fin, las eternas dicotomías que nos separan de la realidad.
 
Todo ser vivo tiene alma (plantas, animales), y en la escala zoológica el hombre es el animal más evolucionado; de allí que el hombre no solo tiene alma o psiquis, sino que tiene espíritu, es decir la capacidad que tiene el alma de abrirse a Dios y que es el propio hombre quien decide abrirse a Dios o permanecer con su alma cerrada a Él. Se trata de la libertad del hombre de decidir, la "capacidad obediencial del hombre" al decir de Santo Tomás.
 
Estamos ante la decisión de permanecer en "la carne", en el hombre viejo de San Pablo, o en el hombre nuevo a cuya imagen fuimos creados. Nos propone Pablo que espiritualicemos nuestra mente (Ef 4, 17-24), que nos transformemos cada día en imagen de Cristo, que reflejemos como un espejo la gloria de Dios (2 Cor 3, 18).
 
Aspirar al hombre nuevo supone un caminar diario de oración, sacramentos, adoración; es decir Camino de Iglesia; camino de cruz, pues si no hay cruz no hay cristianismo.
 
Nos preguntamos a menudo la razón que nos impide reflejar a Cristo en las comunidades, en nuestro hogar, en los trabajos: la causa es que tenemos el espejo de nuestras almas empañadas o sucias. Sucias de egoísmos, faltas de perdón, ataduras, esclavitudes, vicios, etc. De allí que no solo dejamos de reflejar a Cristo, sino que proyectamos en los hermanos nuestras propias miserias, la propia mugre que tenemos escondida debajo de la alfombra de nuestras almas.
 
Jesús nos propone que dejemos el agobio y la mugre en Él. Al depositar toda la mugre en Él queda un espacio vacío (el que ocupaba nuestra mugre), y ese espacio lo llena Él. Entonces tendremos un poco mas de Él y menos de nosotros, para que un día lleguemos a decir como Pablo: "Ya no soy yo, es Cristo que vive en mi".
 
Hermanos, se puede, hay que intentarlo. Pablo fue cómplice de la muerte del primer mártir cristiano, de Esteban. En esa etapa de su vida era Saulo, tal vez como tú ahora, y llegó a ser Pablo. Podemos seguir con San Pedro, San Agustín, con Santa María Magdalena, San Cipriano, etc. Todos tenemos un antes y un después de encontrarnos con Jesús; solamente hay que animarse, no tener miedo y aceptar los desafíos del cambio.
 
Cobra trascendencia el camino del amor, el camino del perdón, en síntesis el camino de conversión, y para ello Jesús nos deja "su método": la oración.
 
En el bautismo de Juan Jesús oró; en la transfiguración Jesús oró; en Getsemaní Jesús oró, con más insistencia en el instante en que estaba agonizando y pidiendo al Padre que se hiciera su voluntad, y reprochando a los discípulos su falta de oración (Lc 3,21-22 ; Lc 9,28-29 y Lc 22,39-46).
 
Pero Jesús no está solo, es cabeza de su Iglesia (Col 1,18). Esto implica que todo camino de conversión no se debe hacer en soledad, sino que hay que hacerlo como miembro del pueblo de Dios, como miembro activo de la Iglesia. Misma que es santa porque la creó Dios y prostituta porque la formamos nosotros, los hombres (San Agustín).
 
Pidamos hermanos ser parte activa de la Iglesia de Dios con Cristo como cabeza no visible aún para nosotros, pues caminamos en la fe (2 Cor 5,7), con el Papa Francisco que conduce en la tierra la Iglesia Peregrina o militante; en comunión con la Iglesia Purgante (1 Cor 3, 10-15 ), y la Iglesia Triunfante formada por todas las almas que ya llegaron a la presencia de Dios junto a todos los ángeles de Dios en sus diversas jerarquías , los Santos y la Santísima Virgen María como Reina y Señora del cielo.
 
Dios es Uno y Trino, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero; la Iglesia de Dios, con tres cualidades distintas, es una sola Iglesia verdadera: católica, apostólica y romana.
 
Jesús, en su eterno presente nos vuelve a pedir que no nos durmamos en nuestra falta de oración; que oremos incesantemente para no caer en tentación, que oremos en todo tiempo según nos inspire el Espíritu (Ef 6, 18 ); nos lo pide Jesús, y en la tierra el Papa nos pide lo mismo: que oremos por él y por nuestros hermanos. Y tengamos presente que también contamos con la oración humilde y poderosa del Papa emérito Benedicto para que sigamos caminando juntos hacia el hombre nuevo y hacia la nueva Iglesia que Jesús quiere. Animémonos a ser católicos, animémonos a vivir en Cristo; Él nos da la gracia para seguir… o para empezar, si aún somos tibios.

 
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Marcelo Dezzi es un psiquiatra convertido hace 23 años. Destacado predicador de retiros y jornadas desde 1997. Autor de 7 obras sobre espiritualidad
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