Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
Publicidad   |   Hemeroteca   |   Haz de Portaluz tu página de inicio   |   Quienes Somos   |   Contacto        Sábado, 28 de noviembre de 2020
Portaluz.org. No hay nada oculto que no haya de saberse (Mt 10,26)
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Instagram Accede a nuestros RSS    
 
Buscar
ÚLTIMA HORA

Hello et à Dieu

Actualizado 5 agosto 2016  
Compartir: Acceder al RSS Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   Comentar 0
Juan Manuel de Prada   


En el único retrato que conocemos del solitario Ernest Hello (1828-1885) llaman enseguida la atención las manos sarmentosas, los rasgos macilentos, la mirada abstraída y un mechón de pelos levantiscos, tal vez sacudidos por un soplo celeste que le susurra palabras dulces o terribles al oído. Hello, hijo de un abogado bretón, estudió leyes por proseguir la tradición familiar; pero, tras licenciarse a los dieciocho años, se negó a ejercer, por no defender causas injustas.
 
Este rasgo levantisco no debe hacernos creer que Hello fuese un rebelde al estilo banal y diletante consagrado por el mundo. Por el contrario, fue un rebelde con Causa, la única causa que puede empujar a un hombre a reaccionar con tan insolente intransigencia. Queremos decir que Hello era católico; no al modo santurrón y anguileante que hoy se estila, sino con una oposición neta a la modernidad que lo condenó, ya en vida, al ostracismo, y en muerte al olvido.
 
Loco o santo
 
Hello, sin embargo, no lo lamentó demasiado. Tenía vocación de eremita y querencia por el campo; y casi toda su vida la pasó en una finca familiar, en Keroman, acompañado por su esposa, la también escritora Zoé Berthier, que dedicó sus mayores desvelos a cuidar con tesón de su marido, enfermo de los huesos desde niño. Discípulo confeso de Joseph de Maistre, alabado por el Cura de Ars y por Barbey d’Aurevilly, Hello publica su primer libro (una diatriba contra Renan) en 1859, a la vez que despliega una incansable actividad como polemista que le valdrá la admiración de autores como Léon Bloy, quien lo llamaba cariñosamente (le dijo la sartén al cazo) «el loco», tal vez por no llamarlo «el santo».
 
Y es que, en efecto, toda la obra de Hello está penetrada de un ramalazo de clarividente locura, de entusiástica santidad, que alcanza su culminación en la que sin lugar a dudas es su obra maestra, «El hombre» (1872), una colección de ensayos de intención apologética en la que se entremezclan cuestiones de índole estética, filosófica, científica y teológica. Libro incendiado de sabiduría y atrevimiento, «El hombre» podría definirse como la enmienda a la totalidad que un reaccionario inflamado de misticismo hace al mundo moderno.

Son muchos los pasajes memorables de este libro, en los que Hello refuta las más diversas idolatrías vigentes y descabeza a los santones del mausoleo ilustrado (empezando por Voltaire, a quien profesaba especial inquina); pero tal vez el capítulo más deslumbrante del libro sea el que dedica a «El hombre mediocre», al que identifica por su odio a lo bello y su sumisión a las convenciones establecidas, así como por su horror al hombre de auténtico genio (a quien siempre califica de exagerado).
 
Durante mucho tiempo, «El hombre» fue reeditado en versiones expurgadas, pues se consideraba que algunas de sus reflexiones vitriólicas podían ofender la sensibilidad meapilas; y, en efecto, abundan en él las afirmaciones incompatibles con el aguachirle doctrinal imperante: «La verdadera misericordia –escribe Hello– es inseparable de un odio activo, furioso, devorador, implacable, exterminador, hacia el mal. ¿Cuándo se comprenderá que, para ser misericordioso, hay que ser inflexible; que para ser blando con el que pide perdón, hay que ser cruel contra el error, la muerte y el pecado? Desde hace mucho tiempo, la malevolencia y la tontería han conspirado para dar a las virtudes un aspecto bobo, deslucido, borroso y lamentable».
 
Caridad que devora
 
Y hay pasajes proféticos que estremecen: «El verdadero santo –asegura– tiene caridad, pero una caridad terrible que arde, que devora, una caridad que detesta el mal, porque quiere la curación. El santo forjado por el mundo tendrá una caridad dulzona que bendecirá a cualquiera y cualquier cosa, en cualquier circunstancia. El santo forjado por el mundo sonreirá al error, sonreirá al pecado, sonreirá a todos, sonreirá a todo. Estará exento de indignación, de profundidad, de alteza, de mirada sobre los abismos. Será benévolo, dulzarrón con el enfermo e indulgente con la enfermedad. Si quieres tú ser ese santo, el mundo te amará y dirá de ti que haces amar el Cristianismo».
 
Para que quedara claro el modelo de santidad que postulaba, Hello publicaría «Fisonomía de los santos» (1875), una vibrante colección de semblanzas hagiográficas, llena de intuiciones prodigiosas y reflexiones fustigadoras, que tradujo maravillosamente al español el gran poeta catalán Joan Maragall; por supuesto, ninguna editorial católica española se han dignado reeditarla durante el último siglo. Algo de esto ya se olía Hello cuando escribió que «el verdadero creyente provoca un odio furioso en el falso creyente»; y también Huysmans cuando calificaba al solitario de Karoman como «inexpugnable al éxito».
 
Pero Hello no creía en el éxito, sino tan sólo en la gloria, que no la dan los hombres; y aguardó esa gloria poniéndose a escribir todos los días, en un pequeño pabellón o belvedere, con las cristaleras abiertas hacia el mar y el sol naciente inflamando su escritura de un estilo ardoroso que, aun tomado en pequeñas dosis, abrasa las resistencias del incrédulo y descompone a los tibios y a los eunucoides. Desde ese pabellón o belvedere dijo Hello «adieu» («¡à Dieu!») al mundo, gozoso de abrazar la fuente de su dicha.

Fuente: ABC

 
Compartir: Acceder al RSS Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   Comentar 0
 Comentar
 Otros artículos de Opinión
Qué significa ser cardenal
¡Velad!
Una invitación a la madurez. Llorando sobre Jerusalén
Los hijos del diablo, según Jesucristo
Jesús llora
Presentación de la Virgen María
Si te pisan, chilla
Certezas y Verdades
El Informe McCarrick, una dolorosa página de la cual la Iglesia aprende
Solidaridad ante la pandemia

RSS
Juan Manuel de Prada es un escritor español y articulista en diversos medios de comunicación.
ARCHIVO
AGOSTO 2016

Una nueva división política

Hello et à Dieu

Ver posts de otros meses

OCTUBRE 2020 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2020 (1 artículos)

AGOSTO 2020 (4 artículos)

JULIO 2020 (1 artículos)

JUNIO 2020 (1 artículos)

MAYO 2020 (3 artículos)

ABRIL 2020 (4 artículos)

MARZO 2020 (4 artículos)

ENERO 2020 (3 artículos)

DICIEMBRE 2019 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2019 (1 artículos)

OCTUBRE 2019 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2019 (1 artículos)

AGOSTO 2019 (4 artículos)

JULIO 2019 (3 artículos)

JUNIO 2019 (2 artículos)

MAYO 2019 (3 artículos)

ABRIL 2019 (4 artículos)

MARZO 2019 (3 artículos)

ENERO 2019 (1 artículos)

DICIEMBRE 2018 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2018 (2 artículos)

OCTUBRE 2018 (1 artículos)

JULIO 2018 (1 artículos)

ABRIL 2018 (3 artículos)

MARZO 2018 (4 artículos)

ENERO 2018 (1 artículos)

DICIEMBRE 2017 (2 artículos)

NOVIEMBRE 2017 (2 artículos)

SEPTIEMBRE 2017 (3 artículos)

AGOSTO 2017 (4 artículos)

JULIO 2017 (2 artículos)

JUNIO 2017 (3 artículos)

ABRIL 2017 (4 artículos)

MARZO 2017 (3 artículos)

ENERO 2017 (3 artículos)

DICIEMBRE 2016 (2 artículos)

OCTUBRE 2016 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2016 (2 artículos)

AGOSTO 2016 (2 artículos)

JUNIO 2016 (2 artículos)

ABRIL 2016 (2 artículos)

DICIEMBRE 2015 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (1 artículos)

San Juan Pablo Magno

San Juan Pablo Magno

La verdad nace de la carne

La verdad nace de la carne

María, signo de esperanza

María, signo de esperanza

LO MÁS LEÍDO
1 ¿Porque te amo te mato?: Holanda permitirá la eutanasia para menores de 12 años y España no se queda atrás
2 Acosada por los mismos espíritus que invocaba se suicidó. Lo testimonia su hija que logró liberarse y sobrevivir
3 ¡Velad!
4 El Papa en la Conmemoración de los fieles difuntos: "¡Sé que mi Redentor vive y lo veré!"
5 El amor crea la inmortalidad
6 Supremacismo progresista
7 El Papa Francisco anima la fe: "La oración de la adoración … es el fuego vivo del Espíritu"
8 Lavado de cara al tarot: lo presentan como autoconocimiento pero es una práctica ocultista
9 Estudio revela debilidades y fortalezas en el ministerio del Exorcismo
YOUTUBER DESTACADO
   |   Hemeroteca   |   Quiénes Somos   |   Contacto   |   Suscríbete   |   Política de Privacidad   |   Cookies   |   Aviso Legal   |    RSS   |