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Mil gracias por tantos dones, mil perdones por tantas faltas

Mil gracias por tantos dones, mil perdones por tantas faltas
Actualizado 30 enero 2018  
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P. Diego Cano   


… Quiero hacer una breve reflexión de acción de gracias, porque el 18 de enero pasado cumplí cinco años en la misión. Estábamos en la mitad de nuestros Ejercicios, y ese día me tocó presidir la Misa. Fue especial poder pasar esa fecha en medio de esos días de oración, poder reflexionar sobre todo lo vivido, y dar gracias. Muy bueno también porque se puede mirar para atrás, y examinarse, como nos enseña San Ignacio, para sacar experiencia, para pedir perdón y dar gracias, y hacer propósitos.
 
En la consagración, mientras elevaba la Hostia Consagrada, y luego el Cáliz con la Sangre de Cristo, pedí especialmente la gran gracia de la perseverancia, la gracia de las gracias. El momento de la consagración de la Misa pasa muy rápido, son pocos segundos, sin embargo siempre muy intensos. Es imposible decir lo que pasa por la mente y el corazón sacerdotal en esos instantes. Aun en medio de consolaciones o desolaciones, siempre es algo especial, o debería serlo, y para eso hay que esforzarse en concentrarse lo mejor posible.
 
Ese día me admiré de cómo pasaron ante mi mente muchas imágenes y recuerdos… Mi primer viaje a Tanzania, con tanta ansiedad y muchos temores, pero con mucha alegría también. La despedida de la familia… las lágrimas, los familiares que abracé por última vez… entre ellos mi padre. Las primeras experiencias, el asombro, el tiempo arduo de aprendizaje de la lengua… los fracasos y los “papelones” que he pasado… Lo que ha crecido la misión, las capillas, las aldeas, los campamentos, los catequistas, los compañeros de misión, las hermanas, las vocaciones… la casa de formación. ¡Señor, gracias!… ¡Gracias, gracias, gracias…! Y a pesar de tantos defectos y pecados, muchas faltas por las que pido perdón, puedo decir con alegría y satisfacción: ¡aquí estoy! Te pido seguir, ser fiel hasta el final, por todos los años que quieras, aquí en África diez, veinte, treinta años, o toda la vida… o que me cambien mañana de destino. ¡Aquí estoy! Concédeme la gracia de seguir siempre ¡Firme en la brecha!
 
¿Puede pasar todo eso por la mente en el momento tan breve de la consagración? Sí. No sé cómo, pero sí, y con toda sinceridad lo digo. Es verdad que después uno aprovecha esas gracias para seguir sacándoles el jugo… y entonces recordé los miedos que tenía al venir, sobre las enfermedades, el idioma, si iba a poder aguantar, si iba a tener salud suficiente… y para todo le pedía a Dios que simplemente me ayude a confiar, y después que sea lo que Él quiera. Y es entonces donde las palabras no alcanzan, porque a pesar de todo eso, años en los que he tenido que estar solo en la misión, el accidente del P. Johntin, y muchas dificultades vividas… entre ellas varias operaciones, y sin embrago poder ver todo lo que Dios ha hecho, la cantidad de sacramentos que se han dado, los campamentos de catequesis, de monaguillos, de niñas, entre los cuales tuvimos más de 2.000 niños el año pasado, la misión popular en Kangeme… Las vocaciones, la casa de formación, el postulantado y ahora noviciado, incluyendo las construcciones que hemos hecho en el noviciado, “sin plata”, con la generosa ayuda de tantos de ustedes. Pienso en la cantidad de misioneros que somos, ya cuatro sacerdotes y cinco hermanas… mas los postulantes de ambos institutos. Estos cinco años son increíbles.
 
Y algo que también me sorprende y alegra… ya hice en estos cinco años más de 200 publicaciones, o crónicas, como quieran llamarlas. No lo hubiera pensado nunca, sin embargo así quiso Dios que fuera, porque en varias ocasiones pensaba en dejar de escribir tanto, y por una circunstancia u otra, eran ustedes mismos los que me animaban a seguir adelante con este apostolado. ¡y aquí estamos!
 
Dios mío, tendré que dedicar otra crónica para enumerar todas las gracias que hemos recibido el año pasado también en el orden material-espiritual, con la compra de terrenos para construir capillas, las capillas que se comenzaron, las que ayudamos a poner el techo, las que siguen embelleciendo el templo dentro de lo que aquí se puede, los regalos que hemos podido dar a los niños, la construcción de la casa de formación… y que sigue adelante. Y digo gracias de orden material-espiritual porque ciertamente que esas ayudas para poder tener una capilla o una casa es un gran avance material solamente, pero que pone felices a los fieles y a nosotros, y nos ayuda a participar mejor, a rezar mejor, a tener un lugar digno donde reunirnos cada semana.
 
Mil gracias por tantos dones, mil perdones por tantas faltas.
¡Firmes en la brecha!


Un misionero en Tanzania

 
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Diego Cano, es sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado, ordenado en el año 2001 en San Rafael, Mendoza, Argentina. Ha sido misionero por dos años en Ecuador (en Loja y Gualel), luego durante ocho años ha sido rector del Seminario Menor
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