Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
Publicidad   |   Hemeroteca   |   Haz de Portaluz tu página de inicio   |   Quienes Somos   |   Contacto        Miércoles, 14 de abril de 2021
Portaluz.org. No hay nada oculto que no haya de saberse (Mt 10,26)
Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Instagram Accede a nuestros RSS    
 
Buscar
ÚLTIMA HORA

La dinámica del odio

La dinámica del odio
Actualizado 8 agosto 2020  
Compartir: Acceder al RSS Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   Comentar 0
Juan Manuel de Prada   


En un pasaje especialmente iluminador de Mero cristianismoC. S. Lewis trata de combatir la comprensión equivocada de la ‘caridad’ cristiana, que con frecuencia se confunde con una emoción caprichosa y compulsiva –puro sentimentalismo– que nos ‘obliga’ a sentir amor por tal o cual persona. Lewis observa que el auténtico amor (al menos, en el sentido cristiano) no es una pasión ingobernable, sino un acto volitivo que implica todas nuestras potencias conscientes: «Cuando nos comportamos como si amásemos a alguien –escribe el autor inglés–, al cabo del tiempo llegaremos a amarlo». Pero, a continuación, Lewis añade que lo mismo sucede con el odio: «Si le hacemos daño a alguien que nos disgusta, descubriremos que nos disgusta aún más que antes». Y lo ilustra con un ejemplo muy próximo para los lectores de su época del que luego hemos abusado hasta la náusea (para evitar confrontarnos con la dinámica del odio actuante en nuestra época): «Los nazis, al principio, tal vez maltratasen a los judíos porque los odiaban; más tarde los odiaron mucho más porque los habían maltratado». 
  
Existe, sin embargo, una diferencia evidente entre la dinámica del amor y la dinámica del odio. Cuando nos comportamos ‘como si’ amásemos a alguien, este esfuerzo suplementario acaba obligándonos a conocer mejor a esa persona: nos obliga a confrontarnos con sus miserias y defectos, que poco a poco logramos ‘comprender’ o asimilar, anegándolos en la sustancia de nuestro amor (lo cual, naturalmente, no significa que lleguemos a amar esos defectos). Así, por ejemplo, ocurre entre personas que han decidido comprometerse: el aliento fétido o la propensión iracunda son aspectos desagradables de la naturaleza humana y disuasorios para esa emoción caprichosa y compulsiva que con frecuencia confundimos con el amor; pero quien ama comprometidamente a una persona que exhala un aliento fétido o propende a la ira se comporta ‘como si’ esos defectos no le importasen demasiado y acaba logrando –mediante la paciencia amorosa, con delicadeza y mano izquierda– que la persona amada adopte hábitos que los corrigen. Siempre habrá, por supuesto, momentos en que la persona amada –por no enjuagarse la boca debidamente– exhale un aliento desagradable, o en que –dejándose llevar por su naturaleza sanguínea– se emberrinche; pero, para entonces, el conocimiento profundo que tenemos de esa persona nos permitirá contemplar esos ‘descuidos’ con benevolencia. Y llegará incluso el momento en que tales ‘descuidos’ (siempre que sean pasajeros y no se conviertan otra vez en hábitos orgullosos) nos pasen inadvertidos; porque han quedado anegados por nuestro conocimiento amoroso. 
  
La dinámica del odio, por el contrario, se fortalece en la ignorancia del otro. Odiamos a una persona porque, al acercarnos someramente a ella, percibimos que desprende un aliento fétido; o porque, contemplada desde lejos, la vemos manotear acaloradamente. Y, desde ese momento, la persona odiada se convierte, en nuestra imaginación, en un hálito apestoso que lo invade todo, a modo de nube de gas mefítico; o en una masa amorfa que desprende rabia sulfurosa por doquier. De nada servirá que quienes conocen más íntimamente a esa persona nos indiquen que sólo le huele mal el aliento antes de desayunar, o que sólo se enfada cuando le aprietan los zapatos. Nuestro odio furibundo concebirá, incluso, mecanismos justificativos delirantes que disfracen la razón verdadera de nuestro odio (que tal vez sea la envidia que esa persona nos provoca, por comer frugalmente o calzar elegantemente); y sostendremos, incluso, que la persona odiada mantiene un sempiterno ayuno que la convierte en una perenne cloaca, o que cultiva la desquiciada manía de comprarse siempre zapatos de una talla inferior a la que precisa. Porque el odio, para azuzar su llama, exige cerrar los ojos ante la verdad de la persona odiada; necesita simplificarla, convertirla en caricatura. 
  
El amante se nutre de conocimiento paciente; el odiador, por el contrario, se nutre de ignorancia nerviosa. El amante se ‘empodera’ asimilando los defectos de la persona amada, que acepta a la vez que corrige; pero tal cosa sólo puede hacerla abrazándola más comprometidamente. El odiador se ‘empodera’ agigantando los defectos de la persona odiada, cosificándola hasta desvirtuarla y convertirla en un pelele al que puede vapulear descomprometidamente. Para ejemplificar la dinámica del odio que se nutre de sí mismo, Lewis todavía necesitaba recurrir a lo que luego hemos denominado ‘ley de Goodwin’. Nosotros ya sabemos que no tenemos que ir tan lejos; pues el fermento en el que la demogresca partitocrática ha fundado su hegemonía no es otro sino la dinámica del odio. 

 
Compartir: Acceder al RSS Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a del.icio.us Buscar en Technorati Añadir a Yahoo Enviar a Meneamé  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |   Comentar 0
 Comentar
 Otros artículos de Opinión
Satanás en nuestra sociedad
Dos mil mujeres condenadas a muerte
Hay esperanza
Pasión del centinela del sepulcro
Morir para resucitar
Amar la amistad
Ante lo que pasa en el mundo
La Comedia de Dante, un libro para la esperanza
¿Cristo sonriente?
Pasión de Nicodemo

RSS
Juan Manuel de Prada es un escritor español y articulista en diversos medios de comunicación.
ARCHIVO
AGOSTO 2020

´El hombre eterno´

Corruptelas podemitas

La dinámica del odio

Una pasión tiránica

Ver posts de otros meses

ABRIL 2021 (1 artículos)

MARZO 2021 (3 artículos)

OCTUBRE 2020 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2020 (1 artículos)

AGOSTO 2020 (4 artículos)

JULIO 2020 (1 artículos)

JUNIO 2020 (1 artículos)

MAYO 2020 (3 artículos)

ABRIL 2020 (4 artículos)

MARZO 2020 (4 artículos)

ENERO 2020 (3 artículos)

DICIEMBRE 2019 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2019 (1 artículos)

OCTUBRE 2019 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2019 (1 artículos)

AGOSTO 2019 (4 artículos)

JULIO 2019 (3 artículos)

JUNIO 2019 (2 artículos)

MAYO 2019 (3 artículos)

ABRIL 2019 (4 artículos)

MARZO 2019 (3 artículos)

ENERO 2019 (1 artículos)

DICIEMBRE 2018 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2018 (2 artículos)

OCTUBRE 2018 (1 artículos)

JULIO 2018 (1 artículos)

ABRIL 2018 (3 artículos)

MARZO 2018 (4 artículos)

ENERO 2018 (1 artículos)

DICIEMBRE 2017 (2 artículos)

NOVIEMBRE 2017 (2 artículos)

SEPTIEMBRE 2017 (3 artículos)

AGOSTO 2017 (4 artículos)

JULIO 2017 (2 artículos)

JUNIO 2017 (3 artículos)

ABRIL 2017 (4 artículos)

MARZO 2017 (3 artículos)

ENERO 2017 (3 artículos)

DICIEMBRE 2016 (2 artículos)

OCTUBRE 2016 (1 artículos)

SEPTIEMBRE 2016 (2 artículos)

AGOSTO 2016 (2 artículos)

JUNIO 2016 (2 artículos)

ABRIL 2016 (2 artículos)

DICIEMBRE 2015 (1 artículos)

NOVIEMBRE 2015 (1 artículos)

La Pasión de Cristo

La Pasión de Cristo

Sanación de la pareja

Sanación de la pareja

La total pequeñez o la vida en María

La total pequeñez o la vida en María

LO MÁS LEÍDO
1 Cardenal Sean reitera deber de los católicos: "Tolerancia cero" con el abuso en la Iglesia y la sociedad civil
2 Padeció al extremo por ser hija de una monja y posesa del demonio. Hoy es beata protectora de los exorcistas
3 Dios no le interesaba, hasta que llegó a sus manos un panfleto sobre una experiencia del "más allá"
4 El Papa Francisco anima la batalla espiritual en la tierra: "Desde el cielo los santos siguen echándonos una mano"
5 "Lola" cuenta cómo su familia experimentó la "fuerza diabólica" de "Un Curso de Milagros"
6 El Papa durante su juventud era adorador nocturno en la Basílica del Santísimo Sacramento
7 Tragacionistas
8 Papa Francisco invita a seguir los pasos de San José, quien acogió los sueños que Dios tenía para él
9 La Comedia de Dante, un libro para la esperanza
YOUTUBER DESTACADO
   |   Hemeroteca   |   Quiénes Somos   |   Contacto   |   Suscríbete   |   Política de Privacidad   |   Cookies   |   Aviso Legal   |    RSS   |