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Sobre el sentido de la vida
Actualizado 10 julio 2015 - 0:0  
P. Pedro Trevijano. Sacerdote, doctor en Teología Moral, por el Alfonsiano de Roma. Licenciado en Derecho.   


Hace unos años me contó un amigo argentino que en una clase de un master, había surgido la cuestión del sentido de la vida, y que se quedó horrorizado cuando se percató que fuera de él, católico practicante, y un protestante, los demás, aunque habían cumplido muchos los cuarenta, no tenían ni idea de cuál era este sentido.

Yo no sé si alguna vez Vd. se ha preguntado sobre cuál es el sentido de su vida. Si no lo ha hecho, y aunque lo haya hecho, coja un bolígrafo, siéntese delante de un papel durante unos minutos, pregúntese y escriba cuál le parece que es el sentido de la vida.

Una vez pasados esos minutos, ya se habrá dado cuenta que es una pregunta complicadilla, a la que no es fácil contestar de golpe. De momento hay una cosa clara: puedo interrogarme sobre el sentido de mi vida y por tanto soy capaz de pensar y reflexionar, es decir, soy animal racional y por ahí empiezo a diferenciarme de los demás animales.

Pero la búsqueda sobre el sentido de la vida tiene como consecuencia la reflexión sobre de dónde venimos y a donde vamos. Y dentro de esta pregunta están las grandes cuestiones que podemos agrupar así: a) preguntas sobre el propio origen; por ejemplo, ¿cómo ha empezado mi vida?, ¿y la de mis padres?, ¿y la de mis abuelos?..., con lo que llegamos a otro grupo de cuestiones; b) preguntas sobre el origen de la humanidad; a saber, ¿cómo y cuándo apareció el hombre?, ¿provenimos por evolución del animal?, ¿ha habido otras humanidades?, ¿existen los extraterrestres?...; c) preguntas sobre el futuro propio y el del mundo; por ejemplo, ¿qué será de mí dentro de unos años?, ¿es posible alcanzar la felicidad?, ¿hay algo más allá de la muerte?, ¿existe Dios?, si hay otra vida, ¿qué valor tiene ésta y lo que hacemos en ella para la eternidad?

Supongo que sus estudios, con la ayuda de los profesores de ciencias, le han dado ya contestación a alguno de estos interrogantes, como por ejemplo la concepción y el nacimiento del niño, el cómo y cuándo surgió el hombre por evolución de los animales, el origen del universo con la teoría del Big Bang, la formación de los planetas y alguna que otra cosa más. Es decir, hay cuestiones cuya solución está en la ciencia.

Hay otras preguntas que también corresponden a las ciencias, pero éstas de momento no conocen la respuesta. Cantidad de veces se me ha preguntado si creía o no en los extraterrestres. Ése no es tema que deba contestar la Iglesia, sino la ciencia, que os dirá que, hoy por hoy, no hay datos suficientes para poder responder de un modo definitivo, lo que no excluye que un día, tal vez, los haya.

Y, por último, hay cuestiones a las que, creo, nunca llegarán las ciencias: qué hay más allá de la muerte y si existe Dios son dos de ellas. Nosotros, los creyentes cristianos, es decir, los que tenemos fe en Dios y en Jesucristo, pensamos que, dado que Dios ha querido hacerse hombre y vivir entre nosotros, y se nos ha revelado o manifestado de modo especial en un libro que llamamos Biblia o Sagrada Escritura, podemos dar una respuesta a estos dos interrogantes, que son los más importantes para encontrar la respuesta al sentido de la vida.

Pero supongo que, también con frecuencia, ya habrán oído, que no es posible ser a la vez científico y creyente. A mí es una afirmación que me molesta, porque creo que indica una enorme falta de respeto, ya que es llamarnos a los creyentes idiotas e incultos, tanto más cuanto que hay cantidad de científicos, y de primera categoría, creyentes.
Y ahora volvamos al comienzo de este apartado. La pregunta sobre el sentido de la vida la he hecho muchas veces. En el fondo equivale a la de cómo alcanzar la felicidad. Entre los que lograban darme una respuesta, pues bastantes la dejaban en blanco porque no se aclaraban, había dos respuestas tipo, que englobaban a todas. Una era en los adolescentes: moto coche, yate. En otras palabras hacerse o ser rico, contestación más propia de muchos adultos. La otra: amar y ser amado/a.

A ti, ¿cuál de estas dos contestaciones te convence más? Jesucristo nos dice: «no se puede servir a Dios y al dinero» ((Mt 6,24; Lc 16,13), y «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Y es que es Jesucristo el que da sentido a nuestra vida.