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Las consecuencias del aborto
Las consecuencias del aborto
Actualizado 10 diciembre 2016 - 0:0  
Pablo de Torreones es empresario, autor del libro testimonial ““Desde el infierno de Ulises al cielo de Pablo““ y columnista de Portaluz.   



Abortar es matar, es hacer negocios con el diablo. San Agustín dice que el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado. Abortar es ponerse a una distancia tal que el demonio te muerde.

¿Esta cercanía al demonio qué consecuencias les puede traer a las personas? ¿Qué consecuencias puede haber en los países donde se promueven o existen estas leyes abortivas?

El aborto no solamente destruye los cuerpos, también destruye las almas. Las mujeres que abortan elijen alejarse de Dios quedando en pecado mortal lo que significa que si mueren sin arrepentimiento de su pecado es altamente probable que se condenen eternamente.

Pero el infierno de las mujeres que han abortado parte en esta vida pues el aborto daña física y psicológicamente a la mujer.

Entre las complicaciones físicas del aborto en la mujer están la esterilidad, las infecciones, las hemorragias, las complicaciones debido a la anestesia, las embolias pulmonares o del líquido amniótico, así como las perforaciones, laceraciones o desgarros del útero, abortos espontáneos, embarazos ectópicos, trastornos menstruales, etc.

Además de las complicaciones físicas, las mujeres que han abortado sufren emocional y espiritualmente de lo que ya se ha identificado como el "Síndrome post aborto". Estos efectos del aborto incluyen sentimientos de culpa, angustia, ansiedad, depresión, baja autoestima, insomnio, diversos tipos de neurosis y de enfermedades psicopáticas, tendencia al suicidio, pesadillas en las que aparecen los restos del bebé abortado, recuerdos dolorosos en la fecha en que hubiera nacido, etc. También se pueden presentar frigidez, sentimiento de luto, retraimiento, pérdida de confianza en la capacidad de toma de decisiones, conducta autodestructiva, ira, desesperación, instintos maternales frustrados, deseo de acabar la relación con su pareja, pérdida de interés en el sexo, incapacidad de perdonarse a sí misma, frustración y sentimiento de deshumanización.

Según un estudio de la Real Academia de Obstetricia de Inglaterra, el 59 por ciento de las mujeres que abortan tiene altas probabilidades de sufrir problemas psiquiátricos graves y permanentes.

“Jamás he visto una mujer contenta con su aborto”, dice el medico abortista Massimo Segato.  “Más bien, muchas son devoradas para siempre por el sentimiento de culpa”, lo cuenta con franqueza sorprendente en Il Corriere.

Las mujeres que cometen aborto con frecuencia quedan bajo una concreta influencia diabólica (lo dice el exorcista Christian Curty) y en algunos casos, cuando el aborto es repetitivo pueden caer en una posesión diabólica (lo dice el exorcista padre Amorth).

Los cómplices del aborto son los que ayudaron. Aquí están los médicos, amigos, enfermeros, parientes, o alguna persona que escuchó que iban a abortar, y no les dijo no lo hagas. Estos también son culpables y el demonio también los muerde.

Los políticos y hombres que promueven leyes abortivas también son cómplices y quizás  sean los más culpables de todos pues cargan a su haber con todos aquellos abortos que se han realizado debido a esas leyes permisivas. Al igual que las mujeres que abortan y sus cómplices, su pecado los aleja de Dios acercándose a Satanás, cayendo en su área de influencia. No sorprende entonces que se hagan soldados del demonio y sean estos mismos políticos los que pelean contra Dios y promuevan otras leyes que promocionan el mal como la eutanasia, legalización de drogas, ideología de género, etc.

En los países donde se ha legalizado el aborto se ha engendrado una mentalidad de desprecio por la vida, más allá del seno materno. En efecto, el aborto ha traído el infanticidio, la eutanasia y otros ataques contra la vida y la familia. El mal avanza en estas sociedades como consecuencia de la influencia del demonio y el alejamiento de Dios.

Hay un caso significativo donde queda muy claro la relación entre aborto y aumento del mal: México.

En abril de 2007 la Asamblea del Distrito Federal despenalizó el aborto. A partir de entonces, los crímenes relacionados con el narcotráfico se dispararon a niveles nunca antes vistos. A abril del 2014 ya había más 114 mil niños asesinados por el aborto asistido y 122 mil asesinatos por manos de la violencia. (Fuente: El Observador, abril 28, 2014).

¿Habrá una relación entre los dos tipos de crímenes? La respuesta la dio el demonio.

Desde 1999 el mexicano Ángel, casado y con hijos, asegura que es atormentado por 4 demonios que no han conseguido sacarle ninguno de los 10 exorcistas en 30 exorcismos a los que ha acudido, entre ellos el conocido y ya fallecido padre Gabriele Amorth. Durante este exorcismo, Ángel perdió el conocimiento y los demonios que trae dentro comenzaron a hablar en latín y en italiano con el Padre Amorth. Por esa conversación, el exorcista logró saber -lo que él mismo declaró a la prensa- que esa persona está poseída por cuatro demonios y que durante el exorcismo revelaron que están ahí en razón de que se aprobó en la ciudad de México el aborto en el 2007; es decir, que esta posesión es una consecuencia y un signo de lo que está pasando en el país. Igualmente, que Dios y la Santísima Virgen están muy agraviados por haberse aprobado la ley del aborto en la ciudad de México, y que el Cielo ha permitido que por cada aborto pueda haber un homicidio por parte del crimen organizado.

“Mira”, nos dice Dios, “Yo pongo hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal. Si escuchas los mandamientos de Yahvé tu Dios, amando a Yahvé tu Dios, siguiendo sus directrices y guardando sus mandamientos, preceptos y normas, vivirás y te multiplicarás. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y le das culto, yo os declaro hoy que, pereceréis sin remedio. Pongo hoy por testigo contra vosotros al cielo y la tierra: te pongo delante vida o muerte, bendición o maldición”. (Cf. Deuteronomio 30,15-19).