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Acepto el encargo con una pequeña condición
Actualizado 27 enero 2017 - 0:0  
P. José Antonio Fortea es sacerdote español, Licenciado en teología, escritor y experto en demonología.   


Muy bien, muy bien, queridos comentaristas, no me habéis defraudado. A fusilar no hay quien os gane. Me habéis pedido mi opinión sobre Medjugorge. Pues os la digo con toda sinceridad que es la misma que tengo de Garabandal: suspendo juicio.
 
No lo digo por cálculo ni por no crearme problemas. Con toda sinceridad, suspendo juicio. La razón de esto es que para conocer un asunto tan complejo como esas supuestas apariciones habría que investigarlo en profundidad: ir a esa comarca y hablar con los videntes (y buscarlos donde ahora vivan), hablar con todos uno por uno, confrontar los puntos discordantes, buscar a todos aquellos que tengan algo relevante que decir en contra, confrontar las opiniones favorables con las opiniones en contra (eso significa volver a hablar con unos y con otros a ver qué tienen qué defensa hacen de sus argumentos), etc, etc.
 
Todo eso (en este caso en concreto) no pienso que llevara menos de un mes a cualquier persona que quisiera hacer un estudio definitivo. Sin ese mes de investigación, cualquier cosa que dijese sería un juicio basado en información parcial. Por eso, de verdad, no sé si fueron o no verdaderas esas supuestas apariciones.
 
Me gustaría decir que someteré mi juicio a lo que diga la Iglesia, pero debo matizar tal afirmación. El juicio de la Iglesia sobre unas apariciones no es un juicio infalible, es simplemente el juicio de una comisión, o de dos comisiones, o de cuatro comisiones. La Historia está repleta de casos en que el juicio de varias comisiones fue parcialmente errado o totalmente errado. Sucesivas comisiones pueden tener muchos peritos. Pienso en dos casos concretos en dos lugares del mundo.
 
Una cuestión interesante, pensando en esos dos casos que no eran Medjugorge, es si esas personas realmente eran peritos (o todo lo contrario) y si todos los implicados en las comisiones sucesivas estuvieron cortados por el mismo patrón inadecuado del que elegía quién formaba parte de las comisiones. A veces una comisión es suficiente, a veces quince comisiones no. A veces una sola comisión hace bien su trabajo, otras veces quince comisiones no lo hace.
 
Acataré externamente cualquier juicio que dé la jerarquía de la Iglesia acerca de Medjugorge, a sabiendas de que su juicio es un dictamen falible. No estoy favorablemente predispuesto a Medjugorge. Sus supuestas revelaciones nunca han sido objeto de mi devoción; ni en un grado mínimo. Tampoco estoy en contra.
 
Conozco un caso de revelaciones en el que un obispo está empeñado en una “cosa” que si siguiera adelante, me sentiría obligado en conciencia a poner en su mano información concreta cuya relevancia debería bastar para detener sus decididos propósitos. No se trata de nada sexual.
 
Unas veces la falta de objetividad es por estar irracionalmente en contra, y otras por estar a favor cuando los datos indican apabullantemente justo lo opuesto. No, no tengo ninguna idea preconcebida acerca de Medjugorge.
 
Pero os confieso que me atraería mucho más investigar a fondo (como un inquisidor, como fray Guillermo de Basquerville) a algún que otro cardenal antes que meterme en el laberinto de Medjugorge.
 
-Santidad, acepto el encargo, con humildad, pero sólo si me da autoridad para usar un poquito la torrrtura.