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Diálogo virtual con un buen sacerdote
Actualizado 14 octubre 2017 - 0:0  
P. José Antonio Fortea es sacerdote español, Licenciado en teología, escritor y experto en demonología.   


Estimado don Leandro Bonnin:
 
Vaya por delante de que tengo la impresión de que es usted un sacerdote bueno y fiel a la Iglesia. Su defensa del magisterio es encomiable y estoy seguro de que la hace con la perfecta convicción de honrar al Señor de esa manera.
 
Ahora bien, ahora mismo hay un magisterio con dos perspectivas: la de Splendor Veritatis y la de Amoris laetitia. ¿Son esas dos perspectivas incompatibles en un solo magisterio? Desde el punto de vista meramente de la razón: sí. Otra cosa es que en el análisis pongamos el corazón, los sentimientos… Pero si se plantea dentro de la más estricta y fría razón, sí son incompatibles.
 
Yo mismo, durante muchos años, repetí fielmente lo que enseñaba el magisterio wojtiliano sin añadir ni quitar nada. Pero cuando apareció el Papa Francisco sentí que sus palabras ofrecían un nuevo enfoque a algo que había sentido en lo más íntimo de mi ser desde el principio de mi sagrada labor de guiar a las almas.
 
Cuando yo estaba en el seminario, mi formación moral bebió solamente de las fuentes del padre Royo Marín, Nolding y Prummer. También leí a san Alfonso María de Ligorio, y ya entonces me pareció muy duro y rígido. No olvidemos que san Alfonso a sus contemporáneos les parecía demasiado laxo. Ya él fue una evolución.
 
En el padre Royo Marín (al que admiró con todas mis fuerzas), encontramos casos que se engloban totalmente en la línea del Papa Francisco. Por citar sólo un ejemplo, habla del caso del confesor que en el momento de confesar a un moribundo conjetura razonablemente que el penitente no va a devolver una gran cantidad de dinero que robó y que quiere dejar a sus hijos. Mi admirado dominico afirma que en ese caso, si ve buena voluntad y arrepentimiento en todo lo demás, no mencione el tema o sólo lo saque a colación como consejo pero no como obligación. Como dice el padre Royo, no debemos hacer que el pecado material se convierta en formal.
 
En otro momento de su obra habla del hombre rudo que pone medios anticonceptivos para no tener descendencia. Si prevé que no se va a arrepentir y está en esa convicción de buena de fe, el padre Royo dice que no se le diga nada o que se le mencione a modo de consejo.
 
Podría seguir con más ejemplos. Los grandes moralistas ya pusieron mucho más que las primeras piedras en este camino sobre el que ahora el Papa quiere que se reflexione.
 
Volvamos al ejemplo que puse de la pareja de novios que llevan ya casi veinte años de fiel y amoroso noviazgo-marital porque su economía es de miseria y sin ninguna posibilidad de conseguir un hogar propio. Yo no he dicho que no estén incumpliendo la ley. Ahora bien, su situación puede encuadrarse por parte del confesor en la doctrina más tradicional de los grandes moralistas anteriores al Vaticano II.
 
No se trata de que siempre y sin excepción habrá que recordar la Ley. A veces, puede ser lo mejor no mencionar la Ley como si ésta fuera condición sine qua non para lograr el eterno amor divino. Esto es Amoris laetitia en mi modesta opinión.
 
No se trata de que siempre, absolutamente siempre, habrá que mencionar la Ley como condición para la salvación, aunque ello se haga con amor y caridad. No. San Pablo nos enseña como la misma ley puede ser piedra de caída. La misma ley puede provocar un rebote que aleje de Dios.
 
¿Estoy diciendo a esa pareja que no hay transgresión alguna en lo que hacen? No. Ciertamente hay una transgresión objetiva de la verdad sobrenatural acerca de esa acción. Pero Amoris laetitia nos lleva a considerar que habrá casos en los que un análisis ulterior debe sobreponerse al mero molde en el que se recoge la ley. Insisto, algunos casos. Amoris laetitia no significa que las barreras se levantan para que cada uno haga según su conciencia. Eso no lo dice el texto.
 
Pero, sin ninguna duda, afirmo que hay casos en los que una transgresión objetiva no se corresponderá con una culpabilidad subjetiva. La acción ciega del confesor puede hacer verdad el dicho de que el remedio (a veces) es peor que la enfermedad.
 
No es cierto que el Papa Francisco ha concedido que los adúlteros puedan comulgar. Eso no es cierto. El que afirma eso es un falsificador. El Papa ha pedido que en casos muy delicados examinemos los casos delicados uno por uno, pudiendo dejar en la ignorancia a algunas personas. Yo mismo estoy haciendo una simplificación, pues Amoris laetitia es más amplia y añade más matices y detalles. Pero lo que he dicho puede ser un buen resumen de la parte conflictiva.
 
El buen padre Leandro lleno de celo escribía:
 
El padre Fortea contradice directamente la enseñanza de la Iglesia. Si esos novios se unen carnalmente fuera del matrimonio, cometen fornicación: nada más que decir.
 
Le entiendo, padre. Yo mismo soy el primero en defender la verdad objetiva de la ley. Ahora bien, ¿los hijos de Adán cometieron incesto? Según su argumento, si esos hermanos se unen carnalmente cometen pecado de incesto: nada más que decir.
 
Podría alegar más casos (pero el post ya es muy largo) de pasajes bíblicos en los que ese nada más que decir sí que encuentra un Dios que nos enseña la santidad inalterable de la Ley, pero posteriormente la misma enseñanza que subyace en la exhortación del Papa.
 
Yo no digo que no haya actos intrínsecamente desordenados. Actos en los que las circunstancias eximentes no cambian su esencia. Pero le pido don Leandro que entienda que ni Kasper ni Schomborn son herejes al pedir un análisis eclesial más profundo que vaya más allá del mero análisis de si una acción se adecua o no a la ley.
 
Si logramos hacer ese análisis sin relativizar la ley, si lo logramos sin dejar de llamar pecado a lo que es pecado, podemos hacer un gran bien a muchas almas.