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Hacia un nuevo estilo de Parroquia
Actualizado 2 febrero 2019 - 0:0  
Juan García Inza es sacerdote, escritor, doctor en Derecho canónico y ha ejercido como consiliario del Movimiento de Cursillos de Cristiandad   


Ofrezco aquí unas ideas para intentar contribuir, modestamente, en la revitalización de la Parroquia como célula viva de una Iglesia en vanguardia, como nos dice el Papa Francisco. 

¿Que pretendemos? Aportar algunas sugerencias para reestructurar la Parroquia, para superar una tradición de vida parroquial un tanto anquilosada, rutinaria, poco eficaz y poco atrayente.

¿Qué son algunas de nuestras  parroquias? Una institución dirigida por el párroco, con la colaboración de un grupo de incondicionales, que pretende prestar un servicio a una masa amorfa y anónima que se siente ajena la misión de la Iglesia. Unos pocos, con muy buena voluntad, que pretenden dirigir a una masa que solamente busca la Parroquia para cubrir necesidades puntuales de tipo personal, espiritual o social, como un cliente que acude cuando le interesa, pero que no se considera responsable de nada.
 
¿Para qué sirve este tipo tradicional de Parroquia? Actualmente, en un ambiente secularizado, materializado, para muy poco. Se convierte en un objeto de "usar y olvidar" cuando se considera oportuno, en algo que se consume cuando me interesa y después me olvido de ella. Con frecuencia se convierte en objeto de crítica como si no fuera algo propio.

¿Qué le falta? Espíritu de familia, de comunidad. Prácticamente no  existe la conciencia de que la Iglesia, y por tanto la Parroquia, soy yo, somos todos los bautizados. Falta más ilusión, más relación humana y familiar, más vida en común, más atención de unos para con otros, más preocupación por seguir el mandato que Cristo nos dio de evangelizar. ¿Qué se puede hacer? En primer lugar no desanimarse. Esta situación tiene solución. En los países de misión no tienen este problema. Son muchos los que están empeñados en vivir la fe que recibieron. Hay que pasar de una parroquia enferma, o muerta, a una parroquia llena de salud y de ganas de trabajar con ilusión apostólica.

¿Qué síntomas de enfermedad se dan en nuestras parroquias?: Desintegración familiar, falta de información religiosa, religiosidad tradicionalista, instrumentación política o comercial de las fiestas, indiferencia religiosa, división entre fe y vida, falta de fraternidad y de sentido eclesial, mentalidad clerical, carencia de iniciativas religiosas por parte del pueblo, incapacidad para llegar a la masa...etc.

 ¿Cuál es el pronóstico? Si seguimos así, dentro de unos años asistiremos a la muerte y entierro de la parroquia como entidad religiosa arcaica,  en desuso.

¿Cuál es el remedio? Volver a la parroquia como comunidad de creyentes, como comunidad de comunidades, como comunidad de amigos, como la primitiva cristiandad. Marcarnos este ideal de parroquia e intentar conseguirlo.

¿Qué pasos hay que dar? Los grandes proyectos de cualquier camino tienen como meta un ideal. El ideal es LA PARROQUIA COMUNION DE COMUNIDADES. Es decir, una parroquia presidida por la fraternidad

¿Pasos que hay que dar?: Como la liberación del pueblo de Israel:

-Convocatoria (como hizo Moisés).
-Comunión: gozo y deseo de la tierra prometida: el ideal
-O también como el itinerario que toda persona debe hacer para llegar al encuentro con Dios: La vía purgativa  (quitar obstáculos para dejar hacer a Dios); vía iluminativa (dejarnos iluminar por  el mensaje de Jesús); vía unitiva, disposición para vivir unidos a Dios y a los hermanos.
-O el siguiendo itinerario y exigencias de los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo (liberación del pecado, hijos de Dios, hermanos), Confirmación (maduros en la fe, cristianos adultos...), Eucaristía (unión con Dios y con los hermanos).
-¿En qué etapa estamos? Después de un inicio, o llamada, fuerte (tipo misión), sentirnos convocados. Entramos en la etapa de la EVANGELIZACIÓN. Por eso nos disponemos a conocer y estudiar la Doctrina cristiana, partiendo de la Biblia.
Cada año programar una convocatoria nueva, una nueva llamada a la Evangelización, ir creando lazos de fraternidad, dar vida cristiana a los grupos, que sienta el gozo de reunirse para hablar de Dios y con Dios, de nuestras cosas y de las cosas de Dios, en  un clima de diálogo respetuoso y amable. Ir sintiendo cada vez más la Iglesia y la Parroquia como cosa mía. La parroquia debe ser una comunidad de familias evangelizadas y evangelizadoras. Y dejar hacer a Dios.
 
Dice el Papa Francisco: “(Las parroquias) tienen que ser casas donde la puerta esté siempre abierta para salir hacia los demás. Tienen que estar en contacto con los hogares, con la vida de la gente y con la vida del pueblo”.

 “Pidamos por nuestras parroquias, para que no sean oficinas funcionales sino que animadas por un espíritu misionero, sean lugares de transmisión de la fe y testimonio de la caridad”.

Y siempre ofrecer la alegría de sentirnos queridos por Dios y por los hermanos. Las puertas de nuestras parroquias son una invitación a entrar en un mundo donde es posible la paz y la sonrisa.