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Oliva se casó y a los pocos meses descubrió que su esposo trabajaba de brujo
"… Allá empezaron a orar, yo empecé a gritar y a sentirme mal, me pasaron una bolsa y vomitaba y vomitaba, ellos se asustaron, pero siguieron orando"
Actualizado 10 mayo 2019 - 0:0  
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“En mi casa del campo fui una niña feliz. Los siete hermanos y mis padres, en San Antonio del Tequendama, orábamos al despertar, luego a media mañana el Ángelus y al acostarnos se rezaba el santo rosario, todos los días”. 
 
Aquella infancia de candor y pureza de la pequeña Oliva Mendoza se proyectó hacia la adolescencia y luego, por muchos años más. Así fue como jamás se permitió la intimidad sexual durante su primer noviazgo, que duró quince años. “Cuando ya habíamos organizado para casarnos, lo trasladaron a Cali y en un mes consiguió señora y se olvidó de mí; yo tenía todo listo y él ya tenía mujer en Cali y no vino a casarse…”

Los ataques del mal
 
Apretó Oliva el dolor, la rabia, en el pecho y no sintiendo que hubiera hombre bueno para querer se quedó sola por 16 años. “Todavía hay lágrimas en mis ojos porque fue un amor de esos amores que una nunca olvida… y yo decía ¿Señor tú que quieres que yo haga?”.
 
Pero al paso del tiempo conoció a un hombre -cuyo nombre prefiere silenciar- con quien, tras años de verse muy formalmente, se casó. Oliva ya tenía 58 años. Pero a los pocos meses de casados descubrió que su esposo era brujo o al menos lo pretendía frente a quienes acudían a pedirle ayuda. “Empecé como dice uno astutamente a averiguar qué era lo que hacía, a ir al “consultorio”, decía que atendía a la gente con el fin de ayudarlos, de sacarles brujerías y empecé a preguntarle cómo lo hacía; él me lo contó” relata.

Pero por lo que ella pudo ver, dice Oliva, era más un embaucador que brujo. Como fuese, actuaba de forma inmoral. Lo confrontó y la relación se tornó tensa, distante, al punto que ella sentía desconfianza… Por eso al presentar síntomas de enfermedad renal, con los dolores que sentía y los pies inflamados de tono violáceo oscuro, la inquietud de Oliva se acentuó. “El médico dijo que tenía unas toxinas de arsénico y yo empecé a sospechar que este hombre me estaba envenenando”. EL desastre lo coronó luego el diagnóstico de un cáncer de mamas.
 
Oración de liberación que sana
 
Para Oliva, que estaba al límite de su equilibrio emocional, fue casi un alivio escuchar a su marido decirle que la abandonaba. No volvió a saber más de él, hasta que se informó que estaba casado previamente al vínculo legal que ellos habían concretado. La ley estuvo de parte de Oliva y obtuvo la anulación.
 
Unos amigos, recuerda, al verla sola y tan enferma le invitaron a un encuentro espiritual donde se oraba a Dios pidiendo la sanación. Lo pensó y sabiendo que era una comunidad católica y que nada había de temer, aceptó. De forma sencilla, como ha sido su vida, Oliva describe lo ocurrido: “… Allá empezaron a orar, yo empecé a gritar y a sentirme mal, me pasaron una bolsa y vomitaba y vomitaba, ellos se asustaron, pero siguieron orando y me sentí bien y a partir de ese día mi salud mejoró, hoy día estoy totalmente sana”.
 
Hoy con 64 años Oliva vive por Cristo. El no falla y ella no deja de acudir a su encuentro en la “santa Misa todos los días, el Rosario diario y una hora de adoración… Nunca desconfíen de la voluntad de Dios, sólo deben entregarse en las manos de Él. Si Él me tiene esposo para mi vejez, me lo dará, de lo contrario Él será mi esposo hasta el día que yo llegue allá”, señala sonriente al finalizar.