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"Para salvar África: Dios y la escuela". Lo dice un sacerdote del continente
La vida sacerdotal no ha sido nada sencilla para el padre Apollinaire Cibaka pues en muchos momentos se ha dado en un ambiente de persecución que él mismo ha sufrido en primera persona.
Actualizado 31 mayo 2019 - 0:0  
Portaluz/ Religión en Libertad   


Gracias a su incansable labor a través del Projet Ditunga, el sacerdote congoleño Apollinaire Cibaka ha conseguido en pocos años, y en pleno clima de persecución escolarizar a 85.000 niños, crear 67 nuevas escuelas, levantar y sostener un hospital, 11 centros de promoción de la mujer, enseñar un oficio a 7.000 mujeres, cuidar en estos momentos a 204 huérfanos en 4 orfanatos, proteger a más de 3.000 albinos y construir 4 parroquias que atienden a más de 200.000 personas.
 
Como reconoce este mismo sacerdote, Congo es uno de los países más ricos en recursos, pero, sin embargo, está entre los cinco más pobres según los datos de Naciones Unidas. Cuestión que moviliza al padre Apollinaire canalizando oración, donativos y proyectos de ayuda a través de la Fundación Dilaya.
 
La media de edad no llega a los 50 años en el Congo
 
Entrevistado por el diario digital Religión en Libertad, el padre Cibaka informa que a sus casi 51 años ya supera la esperanza de vida media que se da en su país, lo que muestra de manera muy gráfica las numerosas necesidades materiales que hay en el Congo. Aunque insiste en no olvidar que esta atención social nunca se puede separar de la evangelización, que no es otra cosa que la atención espiritual del alma, fundamental para el posterior desarrollo social.

De este modo, aunque encabeza numerosos proyectos sociales, este sacerdote, que también es formador del seminario diocesano, afirma que “la evangelización es prioritaria” afirmando con seguridad una frase demoledora: “Si queremos salvar y ayudar a África, hay dos cosas: Dios y la escuela”.

Dios, el gran motor del cambio

Por el lado espiritual ha logrado gracias a la ayuda de benefactores construir cuatro parroquias que atienden a 200.000 personas. “Necesitamos hacer más iglesias y así les ayudaremos a vivir mejor. Si descubren a Dios en su vida pueden transformas sus conductas, su vida y la que les rodea”, afirma el padre Cibaka.

Este mismo sacerdote proviene de una familia católica pero que comenzó con sus padres. Sus abuelos practicaban la religión tradicional. “Mi abuelo paterno –señala- tenía 9 esposas. Yo tengo un tío sacerdote y en la ordenación mi abuelo no quiso ser católico porque no quería abandonar a sus nueve esposas, mis nueve abuelas. Pero sí fue bautizado en el quirófano y murió instantes después. Mi abuelo materno tampoco era católico y tenía dos esposas. Pero mis padres se convirtieron al catolicismo”.

Una vocación muy temprana




El propio Apollinaire afirma que recibió la fe de sus padres -“me la han regalado en casa”- y confiesa que su vocación al sacerdocio la sintió prácticamente desde que nació. “Me cuenta mi madre que cuando tenía 3 años dormía la siesta me desperté gritando: ‘¡dejadme, que soy sacerdote!’. Desde entonces no he dejado de desearlo”, agrega.

Sin embargo, la vida sacerdotal no ha sido nada sencilla pues en muchos momentos se ha dado en un ambiente de persecución que él mismo ha sufrido en primera persona. Para entender el por qué de esta situación explica que la Iglesia tiene un papel muy importante en el ámbito social lo que le da una gran credibilidad entre la población, lo que no gusta a los dictadores que han gobernado el país.

El ataque al seminario

De hecho, recuerda como hace apenas dos años “no dudaron en cerrar iglesias, en lanzar bombas lacrimógenas dentro de las iglesias y de incluso matar a los feligreses. En nuestra diócesis hubo domingos en los que cerraron más de 50 misas y no hubo misas”.

Pero lo peor fue el ataque que sufrió el seminario en el que es formador. Un grupo de milicianos tenía pensado asaltar el edificio por la mañana, pero los religiosos recibieron un aviso la noche anterior. “Celebramos la Eucaristía pronto y mandamos a los seminaristas fuera. Nos quedamos los formadores y las monjas de administración”, cuenta.

Un proyecto que empezó para ayudar a una pequeña comunidad
 

En medio de toda esta situación de pobreza, analfabetismo y violencia es donde el padre Apollinaire realiza su infatigable labor a través de Projet Ditunga (Proyecto Mi Tierra Querida).

Una de las prioridades Projet Ditunga es educar a la mujer, pues en el Congo “sigue siendo de segunda categoría”. Recuerda el sacerdote que la tasa de escolarización de la mujer es de tan sólo un 7%. “Todo lo que hagamos para promocionar a la mujer no vale de nada si no va a la escuela. Hemos hecho 11 centros de promoción que parten desde la alfabetización. Hemos recibido desde 2007 a más de 8.000 mujeres, aprenden a leer, escribir y labores”.

Por último, el padre Apollinaire gestiona cuatro orfanatos que albergan 204 niños, gracias a los cuales pueden tener educación y comida. A esta labor también se le une la atención social y pastoral de la cárcel, pues básicamente gracias a este proyecto los reclusos pueden comer. “En España una cárcel es un hotel de lujo donde sólo falta la libertad de movimiento. Allí es otra cosa, no hay letrina, no tienes ducha, no tienes comida ni atención médica. La gente muere en la cárcel frecuentemente”.
 
Cómo ayudar a las obras en el Congo
 
Para poder ayudar esta inmensa obra, el religioso afirma que se puede hacer de dos maneras. En un primer lugar rezando por ellos y en segundo a través de un donativo a la Fundación Dilaya