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Un hombre enviciado en las apuestas y la prostitución dice que leyendo un libro sobre la Virgen inició su liberación
Se trata de la obra escrita por la Venerable María de Jesús de Agreda, "Mística ciudad de Dios, Vida de la Virgen María"
Actualizado 7 junio 2019 - 0:0  
Portaluz. Ana Beatriz Becerra   


Haber padecido desde pequeño las consecuencias injustas de vivir en pobreza o experimentar la fragilidad al fallecer su padre, cuando era apenas un adolescente, no forjó en William García el ser naturalmente solidario con otras personas -que también padecían por la pobreza y la fragilidad-, como las prostitutas de Medellín (Colombia). De hecho, hubo un tiempo en que se ufanaba de ser un cliente frecuente.
 
Después de algunos fracasos amorosos dice William, decidió no arriesgarse en “noviazgos ni amiguitas” y se entregó a los instintos… “Bebía de lunes a sábado, el domingo no bebía porque me sentaba a jugar cartas, llegué a jugar hasta 25 horas e inclusive en sólo dos meses llegué a tener relaciones con 19 prostitutas. Yo era borracho, mujeriego y jugador”, confidencia hoy, con 61 años, a Portaluz.
 
El punto de inflexión
 

Quizá le hubiere sido entonces de provecho a William (imagen adjunta) escuchar las reflexiones del Papa Francisco cuando poco antes del último Sínodo de la Juventud sentenció como “criminal que tortura a las mujeres” a los “clientes” que se sirven de ellas, sometidas a la trata y la prostitución. “Si un joven tiene esta costumbre, ¡que la corte! ¿Eh? Es un criminal el que hace esto…es torturar a una mujer”, dijo el Pontífice.
 
William trabajaba vendiendo lo que tuviese a mano desde los 8 años. Pero con el paso de los años se volvió esclavo de sus pasiones -en particular las apuestas- desperdiciando así su salario.

El punto de inflexión en esta dinámica tortuosa que facilitaba la acción del demonio, llegó 16 años después de fallecer su padre. Tenía 27 años y cierto día en que estaba haciendo limpieza en su hogar, abrió un baúl donde guardaba algunos objetos que habían sido de su progenitor. Entre todas las cosas, su atención quedó fija en un libro cuyo título de portada decía: “Mística ciudad de Dios, Vida de la Virgen María”, escrito por la Venerable María de Jesús de Ágreda.
 
La gracia para vivir la paz de Dios
 
La lectura de esa obra -escrita por la Venerable María de Jesús de Ágreda- fue una primera escuela de fe y motor de conversión para William. Sencillo y espontáneo habla de cómo se abrió a la gracia de Dios leyendo ese libro:
 
“Cambió mi vida por completo con esa lectura, con las confesiones y consejos recibidos de sacerdotes. Llevo ya 36 años sin emborracharme, aunque baile toda una noche… Hace 34 que asisto a la misa diaria, comulgando diario. El Rosario también, yo lo rezo a las 6 de la mañana todos los días; ella (su esposa) me acompaña en la noche y vamos a una comunidad que se llama Chema todos los martes de 7 a 9 de la noche. El único y mejor consejo que puedo dar es que le recen a Dios y lo busquen de corazón. Pídanle la fuerza a Dios para dejar el juego, el trago, para dejar ese vicio de la droga y de la prostitución”.