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El sonido de campanas que anunciaban su muerte desmorona las creencias de un ateo
Este hombre se reconocía a sí mismo ateo y adhería a ciertos ideales del comunismo. Era tal su arrojo por esas creencias -señala-, que si veía a su madre rezando se molestaba y no le importaba recriminarla: «¡Qué hace ahí usted arrodillada, esos son inventos de los curas!», le decía insolente.
Actualizado 7 junio 2019 - 0:0  
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El toque de campanas en las iglesias no solo permite indicar a la comunidad el momento de reunirse para las celebraciones litúrgicas, avisar ciertos momentos de oración, advertir a los fieles algún suceso importante que es motivo de alegría o de tristeza para la Iglesia… o bien alertar a la población del algún peligro. También ese tañer, que se hizo habitual desde el siglo V, impacta espiritualmente el alma de los fieles, según enseña la tradición de la iglesia.
 
Pero el influjo que en Buenaventura (Colombia) ejercieron los maestros de escuela sobre Luis Francisco Caldas durante su adolescencia, le mantuvieron por décadas alejado de esos llamados de las campanas a la oración, de todo aquello que tuviere relación con Dios, la Iglesia o un sentido trascendente de la existencia.
  
En concreto este hombre se reconocía a sí mismo ateo y adhería a ciertos ideales del comunismo. Era tal su arrojo por esas creencias -señala a Portaluz-, que si veía a su madre rezando se molestaba y no le importaba recriminarla: «¡Qué hace ahí usted arrodillada, esos son inventos de los curas!», le decía insolente.
 
Las campanas quer tocaron a rebato
 
Pero al poco de haber cumplido los 27 años -relata- “una noche el Señor me hizo ver que la vida no era así”.  Ocurrió que, cuando ya todo estaba en silencio allí en el municipio Charco Nariño, su pequeño pueblo natal donde vivía, estando a punto de dormir, se sobresaltó al escuchar las campanas sonando a rebato, típico anuncio de que algún peligro amenazaba en ese instante a todo el poblado.
 
Quedaría luego -señala- casi en shock al preguntar a su madre por el sonido de las campanas, pues -algo sorprendida- ella le respondió que nada había escuchado. “Existe la creencia de cultura en esos pueblos -explica Luis Francisco- de que si solo es uno quien escucha las campanas de la Iglesia, significa que tañen por esa persona; o sea que uno está ya para morirse. Así fue como en esos días viví en una angustia terrible, sentía el nerviosismo por todo mi cuerpo y cuando miraba hacia el Santísimo, que se encuentra allí alumbrado en la Iglesia, me daba escalofrío. Era una cosa horrible porque a mí no me gustaban nada las cosas de la Iglesia”, recuerda.
 
Señor yo no merezco que entres en mi casa…
 
Acudió incluso a la enfermera del pueblo para tomarse la presión y ella -señala Luis Francisco- luego de atenderle comentaba: “Bueno, yo te veo bastante alterado y nervioso, pero tú no tienes nada. De presión, estás bien”
 
Fueron tres días de angustias y casi alucinaciones, sincera, hasta que finalmente, humillado, volviera sus ojos a Dios… “Veía que una luz llegaba a la toldilla (n. del e.: mosquitero) de mi papá, y me dije: ¡pero esto qué es si está todo oscuro! Entonces ahí vine a entender que estaba viviendo algo sobrenatural y dije: «Señor, yo sé que no merezco ni clamar tu nombre, yo quiero que me muestres tu verdadera Iglesia»”.
 
Al día siguiente aún consternado por todo lo que estaba viviendo tuvo un primer momento de paz al encontrar un pequeño Nuevo Testamento. Cual peregrino que ha estado caminando días por el desierto sin poder beber y encuentra una fuente de agua, se leyó tres veces desde el Evangelio de San Mateo hasta el Apocalipsis. Fueron pasos que lo irían preparando para un proceso de formación en la fe, nuevas pruebas y nuevos momentos de intimidad con Dios a lo largo de los años.
 
Luis Francisco tiene ya 57 años, es un conocido profesor de música, compositor y cantante. Hoy, en los grupos de oración u otros lugares donde lo requieran, colabora cantando sus propias creaciones para Dios.