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"El continente negro me purificó la mirada, me ensanchó el corazón", dice agradecida la hermana Magdalena Quiroga
Desde pequeña soñaba con ser misionera y pudo serlo en África por siete años, después de jubilarse.
Actualizado 6 enero 2020 - 0:0  
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La hermana Magdalena Quiroga Yanzi forma parte de la congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús, fundada por la beata Catalina de María Rodríguez. Sanjuanina de cuna, a sus 74 años recién cumplidos vive en la casa madre de la congregación, en Córdoba. Pero por estos días se encuentra junto a su familia en la casa que poseen en el departamento de Rawson, cerca de la capital sanjuanina.

“En estos momentos -cuenta a Radio María de Argentina- estoy en una casa quinta muy linda que dejó mamá para todos los hermanos. Éramos una familia muy numerosa con 11 hermanos, pero ya fallecieron dos. Yo soy la más chica de la primera tanda, como decían mis padres. Tengo los mejores recuerdos de mi infancia. Hemos sido muy unidos entre nosotros. Papá era muy exigente. Yo tengo un cariño especial por él, fue muy exigente especialmente conmigo porque era muy rebelde”.
 
Su familia es devota del Sagrado Corazón y lo pone de relieve confidenciando que sus padres se conocieron un primer viernes, se comprometieron un primer viernes y se casaron un primer viernes. Así las cosas, agrega, los primeros viernes eran como misa de precepto. “El Corazón de Jesús es un miembro más en nuestra familia, la fe fue creciendo entre nosotros de una manera normal y natural”.

Precisamente esta fortaleza en la fe, aprendida en el núcleo familiar, fue un soporte cuando se fue de casa con 15 años para ingresar a las “Esclavas”. La vocación surgió en ella como algo natural. “No obstante, yo luché contra mi vocación. En aquella época me gustaba mucho el cine, pero sentí el llamado de Dios de tal manera que no pude decir que no. Era tal la certeza interior que yo tenía que ingresé a la congregación a mis 15 años”, relata la hermana Magdalena.

La religiosa confidenció también algunos momentos de crisis que colaboraron a estrechar su vínculo con Dios. “Los caminos de Dios son inescrutables”, señala y agrega que gracias a sus hermanos pude superar la gran crisis de fe que vivió tras la muerte de su padre.

Pero su gran conversión vino durante la experiencia misionera en África, al servicio de madres embarazadas. “El continente negro me purificó la mirada, me ensanchó el corazón. Fue descubrir una iglesia misionera universal realmente enraizada. Desde chica soñaba con ir a África. Cuando me jubilé como docente, a los 57 años, me fui a Benín. Allí estuve 7 años. Y a los 64 me el instituto me dijo que me necesitaban en Argentina. Y me tuve que venir a Tucumán como representante legal a un colegio de las Esclavas. Pero Dios fue providencial, porque ese año murió mamá”.
 
Al despedirse, la hermana Magdalena compartió esta oración:

Vuestra soy, para Vos nací:
¿Qué mandáis hacer de mí?
He aquí tu esclava.
Que se haga en mí según tu voluntad.
Amén.