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Los dos papas
Actualizado 24 enero 2020 - 0:0  
María Esther Gómez de Pedro es miembro de la Cruzada de Santa María en Chile. Licenciada en Filosofía, profesora de secundaria y Doctora en Filosofía   


La película “Los dos papas” ha generado mucha expectativa y diferentes opiniones entre los espectadores. Es un logro que un tema de interés religioso se posicione entre el gran público, en concreto entre los usuarios de Netflix. El filme, al servicio de la ficción, acomoda a su arbitrio la figura de Benedicto XVI -actual papa emérito- y la del Papa Francisco; teorizando sobre lo que podría ser la relación entre ambos y algunas posibles consecuencias. Aun así, acercar al gran público la figura del papado es, sin duda alguna, valioso. Sin embargo, hay aspectos que llaman la atención y hasta incluso, llegan a incomodar.
 
Al inicio de la película se señala que está basada en hechos reales, lo que podría dar a entender que lo que muestra es verdadero, sin embargo, hay que entender lo que significa eso de “basada en hechos reales”: hay, en efecto, algunos datos reales, pero no todos lo son. En la película se da una recreación de la historia y de los personajes que lleva el sello del director y de los actores, y eso ya es ficticio. Pero, además, y quizás por lo anterior, se puede afirmar que la forma de presentar algunos temas o, incluso de mostrar las personalidades, no le hace justicia a las personas reales. En este último punto me refiero especialmente en cómo presenta a Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
 
Debo decir que algo le conozco, le he saludado en persona, he leído sus libros, sus entrevistas y además he escuchado testimonios de primera mano de personas que han trabajado o convivido con él. De ahí que lo anterior me permite concluir que es una persona ponderada, muy discreta, nunca busca llamar la atención, además muy acogedora, generador de vínculos, que le gusta el trabajo en equipo y valora a cada persona por lo que puede aportar; que no reacciona con rabia ante una opinión contraria, más bien, destaca por su sentido del diálogo y de apertura ante personas con posturas distintas a la suya y que no tiene miedo de pensar los problemas o situaciones para discernir lo esencial de lo accidental y actuar en consecuencia. Esto lo saben cuántos conocen su trayectoria intelectual. Y debo decir que no lo reconocí en la película, es como si fuera otro hombre, o se quisiera dar de él otra imagen, quizás confirmando la que tantas personas tienen de él sin conocerle, sólo por lo que han oído de él.
  
Hay otro tema muy delicado que la cinta no aborda como fue en realidad: tiene que ver con su renuncia. No quiero dejar de aludir al uso indebido de la confesión sacramental, de la que se sirve la película para desvelarlo, pues es un acto muy personal y de conciencia. Pues bien, pareciera que Ratzinger se acusa de haber ocultado los abusos por parte de un sacerdote muy conocido y que eso le habría llevado a su renuncia como Papa. La realidad, en cambio, es muy distinta: desde la Congregación para la Doctrina de la Fe pidió que investigara esta acusación que duró años, y que concluyó en la condena del sacerdote y de su retiro. Ratzinger nunca dio un paso atrás ni ocultó la información debajo de la alfombra. Es más, cuando se destapó el caso de los abusos en Irlanda siendo papa, en seguida lo transparentó con los obispos y les envió una carta muy clara y directa exigiendo abordarlo, imponer los castigos necesarios y atender a las víctimas; incluso acudir a la justicia civil donde fuera necesario.
 
¿La causa real de su renuncia? Fíjense que tres años antes de su renuncia, en el 2010, en el libro entrevista Luz del mundo con el periodista alemán Peter Seewald, señaló que la renuncia para un papa es una opción válida cuando este ya no puede asumir la tarea encomendada. Pero nunca debe servir para huir de un problema, que debe ser afrontado. El periodista, extrañado, le preguntó directamente si podría venir una renuncia y Ratzinger respondió que esa era una opción. Esto lo dijo tres años antes, por lo tanto, fue una decisión muy meditada que tomó desde la responsabilidad hacia la misión que Dios le encomendó. Dejó que otro con más fuerzas asumiera ese cargo. Y sólo el Espíritu Santo sabía quién sería su sucesor.
 
Sobre el perfil que nos presentan en la película del Papa Francisco no quisiera extenderme. Baste mencionar que, desde el inicio de su Pontificado, el Santo Padre Francisco ha manifestado un aprecio y continuidad con su antecesor fuera de toda duda. Cualquier teoría distinta es eso, ficción.
 

No es real, para terminar, que los dos papas se enfrenten en la realidad, como pone de manifiesto la película. Es cierto que tienen estilos diferentes, obviamente, que enriquecen a la Iglesia. Además, todo Papa sabe que lo que tiene entre manos no es cosa suya, ni sometida a su personalidad particular, sino que se sostiene en las manos de Otro.

Queda, como una posible conclusión, la invitación para cuantos vean o sepan de esta película, a confrontar con las fuentes lo que allí se da a entender. Se sorprenderán de la riqueza del hombre, del pensador y del Papa, así como de su calidad de pastor y gran amigo de Cristo, el centro de su vida, como reitera en el libro anteriormente aludido y que muestra una mirada cercana al verdadero Joseph Ratzinger.