Portaluz.org
"Tú para cura". Con diez aņos Teo sintiķ que Dios le llamaba a ser sacerdote
Esa primera certeza fue madurando en el servicio a los adultos mayores de la parroquia, la vida sacramental y compartiendo regularmente en una comunidad juvenil.
Actualizado 10 marzo 2020 - 0:0  
Portaluz   


Teo, como todos le conocen, es un joven de pocas palabras y sereno que, pese a haber cumplido recientemente su mayoría de edad, demuestra una madurez poco usual. Esta actitud se manifiesta en sus reflexiones sobre los retos que como joven y –Dios mediante- futuro sacerdote tiene que afrontar.
 
Con cierta timidez cuenta al semanario de la Arquidiócesis de Sevilla, cómo vivió su primera llamada al sacerdocio: “Con diez años estaba visitando la Catedral de Salamanca con mis padres. Allí sentí algo grande, algo que me superaba, una gran alegría que me decía internamente: «Tú para cura». Fue algo tan grande que no me pude negar”, reconoce entre risas. A la vuelta de su viaje se lo comunicó a su párroco, que le animó a profundizar en su vocación.
 
Desde entonces ha estado siempre cerca del Seminario, participando en convivencias de monaguillos y encuentros vocacionales. También vivió su proceso de discernimiento vinculado a la parroquia, concretamente a través del grupo Cristo Joven, que describe como un “asidero para la fe y la vocación”, y “a través de la caridad”, es decir, sirviendo a los feligreses enfermos, cuidando de su abuela y de otras personas mayores.
 
Y es que para Teodomiro Ortega, Teo, la falta de caridad y de esperanza es una de las peores tentaciones en las que puede caer un joven hoy. Para paliar esto, propone “llevar el mensaje de Dios de forma actualizada a los alejados, en lo ordinario, siendo cercanos en cualquier lugar y situación”.
 
En esta línea, defiende que los jóvenes “podemos aportar una visión de futuro a la sociedad, un futuro con esperanza. Para ello tenemos que ser creativos y enseñar que la santidad se vive día a día”.
 
Finalmente, y aunque desde muy pequeño ha tenido clara esta vocación, confiesa que “el año previo a entrar en el Seminario es duro, porque tienes que cerrar muchas puertas para abrir otras más grandes”. Al respecto, destaca las figuras de sus formadores y acompañantes espirituales, como esenciales en el proceso de discernimiento de la vocación. Y ante las dudas o miedos que puedan surgirle, se recuerda a sí mismo una máxima que lleva por bandera: “Si se cree y se trabaja, todo se puede”.