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El padre Chris Wadelton dona en vida uno de sus riñones: "Dios me dio la oportunidad y dije que sí"
"Sabía que la enfermedad de Rebeca y la diálisis añadían mucho estrés a su familia, y ocupaba mucho tiempo para Rebeca cada semana. Recé para poder hacer algo que ayudara a aliviarla y pudiera darle más tiempo con sus hijas".
Actualizado 15 julio 2020 - 0:0  
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Como muchos otros padres, Rebeca Bárcenas siempre pedía a Dios en oración poder ser una buena madre para sus hijos a pesar de las limitaciones que imponía su insuficiencia renal. 
 
Tras siete años en diálisis su organismo se estaba deteriorando y el trasplante de riñón era la mejor alternativa. Pero sabía que en Estados Unidos -como en el resto del mundo- tenía escazas posibilidades de lograrlo. Por cada 100 mil personas que requieren cada año un riñón en ese país, apenas 16 mil logran un trasplante. Así las cosas, Rebeca sólo podía esperar una intervención de Dios. 

La decisión de Chris
 
Esta madre de 37 años dando testimonio al semanario The Criterion de la Arquidiócesis de Indianápolis, recuerda que se estremeció de emoción, cuando su párroco, el Padre Christopher Wadelton, le dijo que pretendía ser donante de un riñón para ella, animando a otros en la parroquia St. Philip Neri a hacer lo mismo. "Creo es un ángel que Dios envió a mí y a mi familia, para curar tanto dolor y sufrimiento que habíamos pasado", dice Rebeca y agrega: "Entregar un órgano a otra persona, en este caso un riñón, creo que es algo loable". 
 
El vínculo del sacerdote con Rebeca Bárcenas, su marido Rafael Ventura, y las dos hijas del matrimonio comenzó siendo párroco de la parroquia de San Felipe Neri entre 2013 a 2019. "Conozco a la familia desde hace poco más de seis años. Eran miembros activos de la comunidad española en las misas, y en la Escuela Central de Holy Cross", recuerda el padre Christopher. 

El llamado de Dios en la oración
 
Al conocerlos el sacerdote supo que la insuficiencia renal de Rebeca era tan grave que la obligaba a estar en diálisis cinco horas al día, tres veces por semana. Y comenzó a sentir el llamado de Dios a ofrecer alguna ayuda... "Una de mis principales motivaciones para ayudar a Rebeca eran sus dos hijas" confidenció el cura a The Criterion: "Sabía que la enfermedad de Rebeca y la diálisis añadían mucho estrés a su familia, y ocupaba mucho tiempo para Rebeca cada semana. Recé para poder hacer algo que ayudara a aliviarla y pudiera darle más tiempo con sus hijas". 
 
Así fue como el año 2018 este sacerdote tomó la decisión de donarle en vida a Rebeca un riñón. Ese mismo año, el día de la graduación de Jennifer -la hija mayor- en la Escuela Central de Holy Cross, se lo comunicó a Rebeca. Pero habrían de transcurrir varios meses antes de la operación, pues se requería primero de profusos exámenes que asegurasen un porcentaje exitoso de compatibilidad. "Eran muy bajas las probabilidades de que fuéramos compatibles tanto en el tipo de sangre como en el de tejido. Tomó cerca de un año y medio de pruebas para que todo siguiera adelante". Y aún entonces, cuando el trasplante estaba programado para realizarse a principios de este año 2020, se retrasó debido a la crisis del Coronavirus Covid19. 

"Dije que sí"

 

El cura, que es corredor y ciclista, aprovechó ese tiempo para llegar a la cirugía de la mejor manera posible. "Pensé que estaba en buena forma, y trabajé aún más duro en los últimos seis meses para prepararme para esto. Dios me dio la oportunidad y dije que sí", afirma. 
 
La mañana del pasado 14 de mayo, Rebeca de 37 años y el padre Christopher de 54 se preparaban para la cirugía, orando, cada uno en su habitación. El cirujano William Goggins, que coordinó al equipo de trasplantes de riñón resalta el valor de esta experiencia pues “a través del don de los trasplantes, básicamente se restaura completamente la salud de las personas” y por ello califica al padre Christopher Wadelton como "un ejemplo del donante, alguien completamente desinteresado. El hecho de darse uno mismo para ayudar a alguien más es realmente notable. Los donantes son personas excepcionales". 
 
Pero el sacerdote cree haber hecho solo lo que Dios esperaba de él y así lo dijo al semanario de su Arquidiócesis: "Siento que he hecho lo que Dios quería de mí. Es un pequeño milagro que hayamos logrado ser compatibles. Realmente sentí la presencia de Dios a través de todo el asunto. Sentí que Dios lo estaba impulsando". 

Testimonio de su vocación