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Satanás y la familia
Actualizado 23 julio 2020 - 0:0  
P. Pedro Trevijano. Sacerdote, doctor en Teología Moral, por el Alfonsiano de Roma. Licenciado en Derecho.   


Es indiscutible que hoy, en nuestra sociedad, la ideología de moda, la ideología de lo políticamente correcto, es la ideología de género. Pero podemos preguntarnos: esta ideología dominante, ¿tiene algo que ver con Satanás? 
 
Es evidente que las dos grandes necesidades del ser humano son el afecto y la comida. Leemos en el evangelio: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la ley? Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas” (Mt 22,36-40). 
 
Por tanto, para un cristiano el amor es el verdadero sentido de la vida y, en consecuencia, el camino para lograr realizar nuestra máxima aspiración: alcanzar la felicidad. “Dios es Amor” (1 Jn 4,8 y 16) y por tanto Satanás, que, aunque criatura, trata de ser lo contrario de Dios, actúa “en el mundo por odio contra Dios y su Reino” (Catecismo de la Iglesia Católica,  393). Satanás intentará por tanto tratar de impedir que el ser humano realice sus necesidades básicas, especialmente en el campo afectivo. 
 
Ya en la narración más antigua sobre la creación del ser humano, Gén 2,18-25, el ser humano se encuentra con la necesidad de superar su soledad, abriéndose hacia la relación y comunión interpersonal, que se le hace posible con la creación de la mujer, un ser con el que comparte naturaleza, diciéndosele ya desde el primer momento al varón que tiene que comunicarse y amar a su mujer, pues se le manda unirse a ella para superar su aislamiento, estando la diferencia sexual y la complementariedad en el origen de su mutua atracción, entrando así el matrimonio desde el principio en el plan de Dios, y constituyendo amar y ser amado el sentido de nuestra vida. 
 
“Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se adherirá a su mujer y vendrán a ser los dos una sola carne” (Gén 2,24). Este versículo supone una unión estable y profunda. Desde una óptica puramente biológica la naturaleza ha inventado la sexualidad para conservar la especie, pero esta realidad biológica adquiere forma humana en la comunidad de amor del hombre y la mujer. 
 
Si esto es lo que pretende el plan de Dios, no es difícil adivinar qué es lo que pretende el plan del Demonio: todo lo contrario. Por tanto, el primer objetivo, como abiertamente confiesan algunas de las feministas radicales, será destruir la familia. Para ello el camino será vivir en el individualismo más absoluto, haciendo que Dios sea irrelevante en nuestra vida y desaparezca de la sociedad. Realizando las tres leyes con las que el Demonio trata de convencernos de que somos libres: haz lo que te dé la gana, no obedezcas a nadie y sé tu propio dios. Es decir, no existen principios universalmente válidos y ni siquiera normas morales, por lo que puedo hacer lo que me dé la gana, especialmente en el campo de la sexualidad. 
 
El problema es que, si tan solo me preocupo de mí, si no intento amar y ayudar a los demás, no me extrañe que los demás me rechacen y que acabe más solo que la una, que es también uno de los mayores problemas de los condenados en el infierno: que como el odio es el motor de sus vidas, no quieren a nadie ni nadie les quiere. Pero esto me lo estoy preparando ya en esta vida. 
 
Indudablemente hay una gran diferencia entre la persona con fe y la persona sin fe. Ambos padres no deben olvidar que sus hijos necesitan sentir que para sus padres son importantes y, aunque en muchos casos ambos padres necesitan salir a trabajar, han de procurar encontrar tiempo para sus hijos. Los padres y también la parroquia era donde los hijos recibían educación y parte de la instrucción, mientras que hoy son la televisión e internet las dos escuelas de la juventud moderna, con muy escaso o nulo control de los padres. Los padres no deben olvidar que por los hijos hay que sacrificarse, buscando su bien. 
 
Y aquí entra la vida cristiana con la oración y los sacramentos. El mensaje más repetido de la Virgen en sus apariciones es: rezad, rezad y rezad. Yo creo que todos nos hemos preguntado alguna vez si la oración sirve para algo. El padre Patrick Peyton decía: “Familia que reza unida, permanece unida” y en la película antiabortista Unplanned un matrimonio provida pregunta a la exdirigente abortista si su oración ha servido para algo y la otra le responde: “Uno de los secretos mejor guardados de Planned Parenthood es que cuando hay gente rezando ante el centro abortivo la visitas caen un setenta y cinco por ciento". Creamos por tanto en el valor de la oración.