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Algo habrá hecho
Actualizado 11 septiembre 2020 - 0:0  
P. Fernando Pascual es sacerdote, doctor en filosofía de la Universidad Gregoriana de Roma; Licenciado en Teología moral y especializado en Bioética.   


Las acusaciones empezaron en un blog. Pasaron luego a un canal de radio. Saltaron a la televisión. Fueron comentadas en la prensa. Se difundían cada vez con más velocidad.

Algunos pidieron una comisión investigativa. Aparecen entrevistas sobre el asunto. Hay quien piensa hacer una acusación formal en los tribunales.

Con el pasar de los días se hizo bastante claro que aquellas acusaciones no tenían fundamento: la persona a la que tantos dedos acusaban era completamente inocente.

Sin embargo, cuando la inocencia apareció tímidamente en alguna página de periódicos y en breves comentarios televisivos, muchos encogían los hombros para repetir: “bueno, esta vez no le han pillado, pero algo habrá hecho”.

Esa famosa frase, “algo habrá hecho”, se construye sobre varios pilares. El primero está plasmado en la convicción de que si el río suena agua lleva. Es decir, a pesar de que unas acusaciones hayan sido declaradas falsas, tanto ruido estaría fundado en hechos que no conocemos.

El segundo fundamento, quizá el más pernicioso, anida en quienes piensan que una persona es culpable hasta que no se demuestre lo contrario.

El derecho, en teoría, supone siempre la inocencia de los acusados mientras no haya pruebas sobre sus posibles delitos. Pero entre muchas personas, por desgracia también entre autoridades, policías, jueces y periodistas, rige la tesis contraria: es casi seguro que todos tienen delitos ocultos en sus vidas.

“Algo habrá hecho”, sin embargo, es una acusación maliciosa porque sus dos pilares están basados en la falsedad, y porque el deber de respetar la buena fama de cada ser humano exige no suponer culpas donde no haya pruebas.

El mundo de hoy difunde, por desgracia, muchas mentiras para acusar a inocentes, o también para acusar a quienes son culpables de algunos delitos probados como si también hubieran cometido otros delitos que en realidad no cometieron.

Por encima de malevolencias y de prejuicios que declaran culpas donde no hay pruebas, los corazones que aman la verdad y que defienden la buena fama de las personas sabrán rechazar la frase “algo habrá hecho” para sustituirla por otra: “mientras no haya pruebas, hay que tratar a cualquier ser humano con la presunción de inocencia que merece”.