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La cara oculta de "Un Curso de Milagros": hablan las víctimas
Con un número de lectores que aumenta cada año, este libro y su deriva sectaria tergiversan las doctrinas cristianas y acaban distanciando a las personas de la realidad y de sus familias.
Actualizado 16 noviembre 2020 - 0:0  
Portaluz. Luis Santamaría del Río.   


Quizás parezca exagerado afirmar que hay “víctimas” de un libro. Porque de eso se trata: Un Curso de Milagros (UCDM) es una de las obras de espiritualidad más vendidas en el momento actual, y normalmente se puede encontrar en todas las grandes librerías del mundo. ¿Y qué daño puede hacer un libro? ¿No se trata de algo inocuo, y más cuando su temática es espiritual? Una mirada profunda descubre toda una trastienda oscura y dañina, tanto en el libro en sí mismo como en su aplicación real.

Cómo “apareció”

Aunque se presente como una “nueva biblia” hasta en la estética (encuadernación en tapa dura y con letras doradas) y, por lo tanto, en su cubierta no veamos autor alguno, UCDM fue escrito por Helen Cohn Schucman (1909-1981), una psicóloga estadounidense (imagen lateral) de quien los lectores del libro se refieren como “escriba” y no como autora –así podemos verlo, sin ir más lejos, en la Wikipedia–. Para ello, contó con la ayuda de otro psicólogo, William Thetford.

¿A qué se debe esta precisión de su carácter de “escriba”? A que la obra fue fruto, según sus seguidores, de un procedimiento llamado channeling (canalización). Consiste en que una persona afirma ser un channel (canal) para que una entidad sobrenatural o de otra dimensión transmita un mensaje. De esta forma, Schucman no habría hecho otra cosa que escribir lo que “alguien” le habría ido dictando espiritualmente entre los años 1965 y 1972.

Ella siempre afirmó que aquella voz interior –que comenzó a transmitirle sus palabras con un seco “Esto es un Curso de Milagros, por favor tome nota”– no era otra que la de Jesús. Y que su propósito fue “ofrecer un camino para que algunas personas puedan encontrar su propio Maestro Interno”. El resumen más sencillo de su contenido es el siguiente: tú puedes crear tu propia realidad. Algo en común con otras corrientes esotéricas contemporáneas como el Nuevo Pensamiento (New Thought) o la Ley de Atracción. El libro se publicó en 1975 y su popularidad no ha parado de crecer, llegando a estar traducido a más de 20 idiomas.

Desde sus inicios, y por obra de otro estrecho colaborador de Schucman, Kenneth Wapnick, la entidad responsable de su publicación –y beneficiaria de sus derechos– es la Fundación para la Paz Interior (Foundation for Inner Peace), cuya división para la formación en castellano es el Instituto de Enseñanza para la Paz Interior. Porque UCDM es un grueso volumen formado por el Texto (los fundamentos teóricos), el Libro de Ejercicios (365 lecciones, una para cada día del año) y el Manual para el maestro.

Cabe una observación desde el punto de vista de la fe católica. Por mucho que algunos intenten hacer concordar esto con otros fenómenos conocidos en el ámbito del cristianismo (inspiración divina, profecía, videncia...), se trata de un fenómeno totalmente distinto. La canalización, los fenómenos de trance, la escritura automática, la mediumnidad... sí suponen la transmisión de un mensaje. Pero de origen diabólico.

Atención: una trampa para los cristianos



Mª Ángeles es una antigua lectora (y seguidora) española de UCDM, y tiene claro que “el libro está escrito con terminología cristiana, principalmente, para atraer a personas que, aunque crean en el Dios cristiano, por la razón que sea rechazan la figura y el papel de la Iglesia”. Así lo ha escrito en su blog En búsqueda de la verdad, en el que pretende ir desentrañando algunas de las corrientes principales de la Nueva Era, donde ella estuvo varios años. Desde su experiencia, los católicos no practicantes son quienes “tienen mayor aceptación y apertura” ante UCDM.

El texto del libro “repite una y otra vez las mismas afirmaciones con palabras diferentes y expresiones contradictorias incluso en una misma frase, lo que hace que casi nadie suela entender los textos”. Por eso “el facilitador invita a leerlo varias veces, ya que [según él] todos tenemos obstáculos en la mente que nos impiden ver la verdad”. Se trata de una estrategia claramente sectaria que busca la dependencia del “maestro”: el lector se siente ignorante, incapaz de entender las páginas de UCDM, y por ello necesita que lo guíe alguien más sabio y avanzado que él. Es algo que reconocen todos los antiguos lectores de la obra.

Y, bajo la apariencia de ser algo informal, se esconde un verdadero entramado grupal. Mª Ángeles explica que “como todo este tipo de organizaciones o asociaciones, suelen permanecer invisibles y están involucradas muchas personas sin aparente relación unas con otras”. Para la persona que participa, “los procesos son muy sutiles, suelen ir lentos, generalmente [duran] años. Se van amoldando a la persona principiante, sus carencias, su psicología y sus necesidades”. Como es habitual en la galaxia de la Nueva Era, “cada uno lo aplica desde casa, a su ritmo; lo que hace que la persona ni siquiera se plantee que existe ninguna asociación o entidad a la que pertenece”, de forma que “se siente independiente, lo que crea una mayor apertura y aceptación”.

Lo que esta ex adepta española descubrió después fue que “siempre hay gente cerca que también son practicantes y/o estudiantes del curso”. En su caso, cuenta que “fue un grupo reducido, donde, según parecía, comenzó a surgir una amistad. Éramos amigos que no sólo hablábamos del curso, sino que compartíamos experiencias, heridas, necesidades, hacíamos muchos planes...”. Ahora Mª Ángeles reconoce que “éste es el gran peligro: no podemos separar de nosotros nuestra historia, las personas que nos rodean, la familia. Porque todo esto es lo que constituye a la propia persona”, y UCDM lo pone en riesgo, al disociar al individuo.

Las sectas que lo usan



El libro se ha convertido en un recurso fundamental en algunos ambientes de la Nueva Era. Muchas personas lo leen y trabajan de forma individual, pero, como acabamos de ver, es muy común que sean dirigidas por maestros o grupos que acaban haciendo de su ejercitación una experiencia verdaderamente sectaria. Otro ejemplo procedente de España: el testimonio reciente de Mari Mar Gutiérrez, una afectada por un grupo llamado Menteuno, y que ha sido publicado por la asociación RedUNE.

Su compañero sentimental lleva una década estudiando UCDM. ¿Cómo empezó todo? “Él buscaba ayuda para combatir sus adicciones”, relata Mari Mar. De alguna manera le llegó el libro, pero no acababa de comprender el sentido de las frases que leía, porque “muchas de ellas son contradictorias y no se pueden entender porque son irracionales. Provocan un sentimiento de inferioridad y de falta de inteligencia”.

Entonces “le ofrecieron hacer un cursillo para su estudio y comprensión”, y esto derivó en un compromiso cada vez mayor con la organización Menteuno, “como una necesidad imperiosa que no podía parar”, con lo que suponía de desembolso económico y de viajes para participar en las reuniones. En ellas tenía lugar un fuerte abuso psicológico, ya que lo “acusaban de retraso en el entendimiento de los cursos, lo que le originaba ansiedad en la memorización de frases para su repetición cada 15 minutos”.

Toda esta situación afectó a la convivencia de la pareja, que “estaba marcada por estas interrupciones incongruentes e irracionales”. Además, él comenzó a encerrarse en sí mismo. Cuando ella empezó a investigar al grupo, descubrió en sus integrantes “una dependencia absoluta” de sus líderes. “La mayoría de estas personas son adultas, pero viven situaciones de profunda vulnerabilidad. La persuasión coercitiva que generan desde el grupo, bien teledirigido por los responsables de dicha organización, provoca una fácil intimidación”, explica Mari Mar.

Su vertiente pseudoterapéutica



Por otro lado, UCDM está en los fundamentos teóricos de algunas pseudoterapias. De tal forma que su uso no sólo plantea riesgos de tipo psicológico, espiritual, familiar y social... sino que también supone un importante peligro para la salud física. En concreto, el libro está en la base –junto a otras teorías New Age– de la Bioneuroemoción, una propuesta que defiende el origen emocional de las enfermedades.

El psicólogo español Enric Corbera, inventor de la Bioneuroemoción, se basa en UCDM para justificar la validez de una pseudoterapia cuyos mayores logros son que muchos enfermos hayan dejado su tratamiento médico para seguir los postulados de este gurú, que les ofrece tomar conciencia de los conflictos emocionales que habrían causado dichas enfermedades –inexistentes en el fondo– y resolverlos a través de sus cursos y de la cuarentena –una ruptura con la familia y los amigos–. Así se conseguiría una sanación inmediata... ¡un milagro!

Sin embargo, lo que conocemos son casos de personas que han fallecido al ponerse en las manos de este personaje sin escrúpulos y de sus doctrinas erradas. Como el caso de Maribel Candelas, una española que murió de cáncer de hígado... convencida de que había sido sanada por Corbera. ¿Qué tienen que ver muertes como ésta con UCDM? Simplemente, por la aplicación de algunos principios del libro: “la enfermedad no es sino otro nombre para el pecado”, “la ilusión de la enfermedad”, “la curación es la aceptación del hecho de que la enfermedad es una decisión que la mente ha tomado”, etc.

Para curarse, según UCDM, basta con que la persona enferma cambie su percepción –en el fondo, este cambio radical de ideas es el propósito del libro–, y esto concretamente consiste en “el reconocimiento de que la enfermedad es algo propio de la mente, y de que no tiene nada que ver con el cuerpo”. Las consecuencias de vivir las enfermedades desde esta perspectiva (irreal, ficticia y falsa) y de aplicar las ideas de la obra pueden ser letales. Son las otras víctimas de UCDM... las que ya no pueden hablar.
 
Blasfemia

Para cualquier cristiano bien formado y practicante, los contenidos del libro son blasfemos. Ello, pues promueven el panteísmo afirmando que todo lo existente es Dios.

Dios Padre, Jesús y el Espíritu Santo no serían personas de la Santísima Trinidad. Tampoco Jesús sería el Hijo unigénito de Dios Padre, sino el primero que en un proceso habría tomado conciencia de ser hijo de Dios y como tal sería nuestro “hermano mayor”. Por su parte, el Espíritu Santo sería solo la voz de un espíritu impersonal -al que asocian con Dios-, que habla.