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Morir para resucitar
Morir para resucitar
Actualizado 3 abril 2021 - 17:46  
Sr. Cardenal, Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, México.   


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Para que haya primavera, antes debe haber invierno. Para que amanezca y brille el nuevo sol, debe pasar la noche. Para que haya un otoño con abundantes frutos, hay que sembrar y trabajar. Si quieres obtener buenas calificaciones, en la escuela o en el trabajo, debes esforzarte, estudiar, capacitarte, pasar desvelos. Si quieres disfrutar un buen vehículo, o una buena casa, debes ahorrar y abstenerte de gastos superfluos. Si anhelas un buen puesto o cargo, haz de lograrlo a base de esfuerzos y sacrificios. Nada nos cae del cielo, sin nuestra cooperación.
 
¿Quieres ser feliz? ¿Sueñas con una familia donde haya paz, armonía y el pan de cada día? Esto no se logra sin esfuerzo personal, sin sacrificio, sin negaciones diarias a sí mismo, sin renunciar a amistades y distractores que te llevan por otros caminos. Si sólo piensas en ti, en tus gustos, en tus “derechos”, y no tienes en cuenta los gustos, las necesidades y los justos derechos de tu familia y de los demás, no vas a disfrutar la vida, no te vas a sentir realizado y feliz. Si sólo te importa darle gusto a tu cuerpo, a tus emociones y sentimientos, serás un egoísta permanente, te vas a hundir en una soledad fría y desesperante. Te refugiarás en el alcohol y en otras compensaciones para sentirte menos mal. Te puede llegar la depresión, o incluso la tentación del suicidio, como única salida a tu fracaso.
 
Es lo que les pasa a muchos que quieren disfrutar de placeres sexuales, sin generar nuevas vidas, sin compromiso permanente con otra persona, sin obligaciones. Tener un hijo exige esfuerzos y sacrificios, desde el embarazo hasta el sostenimiento posterior. Por ello, no quieren casarse, abogan por un aborto libre y por convivir sin compromisos. Es también el camino de corruptos, extorsionadores, secuestradores y narcotraficantes: quieren disfrutar de mucho dinero sin un trabajo honrado y legal.
 
Pensar
 
Estamos en Semana Santa. El camino para el éxito de Jesús, para su triunfo sobre sus enemigos, sobre el sepulcro y la muerte, es el calvario, es la cruz, es morir por amor. No hay otro camino para ser feliz. ¡Cristo es el único camino! Hay que morir con El, hay que morir a nosotros mismos, para resucitar a una vida mejor, más feliz y satisfactoria.
 
A los tristes y decepcionados discípulos de Emaús, Jesús, resucitado, les dice: “¡Qué torpes son para entender! ¡Cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los Profetas! ¿Acaso el Mesías no debía padecer todo esto para entrar en su gloria?” (Lc 24, 25-26).
 
En su catequesis del 19 de agosto del año pasado, el Papa Francisco dijo: “La pandemia es una crisis y de una crisis no se sale iguales: o salimos mejores o salimos peores. Nosotros debemos salir mejores, para mejorar las injusticias sociales y la degradación ambiental. Hoy tenemos una ocasión para construir algo diferente”.
 
Actuar
 
Cada quien sabe a qué debe morir, para disfrutar la vida, la familia, el estudio y el trabajo. Si no haces morir tus pecados, tu mal genio, tus borracheras, tu pereza, tu egoísmo, tu orgullo, tu indolencia, tu insensibilidad ante el dolor ajeno, no vas a resucitar como una persona nueva. Nunca llegarás a ser una persona profundamente realizada, por más cosas que tengas, por más placeres que te procures.
 
¿Quieres ser feliz? Sigue el camino de Jesús. Ayuda a alguien a llevar su cruz; escúchale, dedícale tiempo, con un corazón cercano, y compártele tus bienes; así, colaboras en su resurrección. ¡Animo! ¡Sí se puede! Con la ayuda de Dios y con tu esfuerzo personal.
 
¡Felices Pascuas de Resurrección!