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De niña vio a la Virgen María, pero en su juventud se dejó atrapar por la Nueva Era y acabó viendo al demonio

De niña vio a la Virgen María, pero en su juventud se dejó atrapar por la Nueva Era y acabó viendo al demonio
Una mujer española describe el infierno que vivió por 30 años vinculada a la Nueva Era. Algunos vídeos del padre José Antonio Fortea, experto en demonología, le sirvieron para identificar lo que estaba viviendo.
Actualizado 28 mayo 2021  
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Portaluz. Luis Santamaría del Río   


María tiene 48 años y es de Valencia (España). Después de tres décadas en la Nueva Era, ha querido compartir su testimonio con los lectores de Portaluz, para advertir sobre las consecuencias que tiene buscar las respuestas a cuestiones espirituales en el entorno de la Nueva Era (New Age), el universo holístico, las terapias naturales y alternativas... Tras una fachada de luz, bienestar y liberación, se esconde una trastienda de ocultismo y acción de las fuerzas del Mal. No se trata de una idea errada o de un prejuicio cristiano: ella lo ha comprobado en persona y lo ha sufrido en su propia carne.

Del miedo a la presencia de la Virgen

El nacimiento de María estuvo marcado por el dolor. Su madre había roto aguas, pero cuando acudió al hospital no la atendieron, y tuvo que esperar 24 horas hasta que pudo ingresar. “Me imagino la desolación de una madre primeriza desatendida”, comenta ahora. Pesó casi 6 kilos al nacer, por lo que el parto fue especialmente duro, y las dificultades continuaron después: “a los tres días de nacer me puse enferma. Había tragado toda la suciedad de mi madre y no hacía más que vomitar negro, y estuve tres meses ingresada en el hospital”.

En su casa había un ambiente de enemistad y violencia. Sus padres eran católicos “sin ningún tipo de fe ni convicción”, pero la matricularon en un colegio de las Salesianas. Cuando tenía 7 u 8 años, estas religiosas le regalaron una pequeña figura de María Auxiliadora que brillaba en la oscuridad. “La primera noche no pasó nada, pero la siguiente vi cómo la imagen se hacía grande. Yo tenía miedo y me tapaba la cabeza con la manta. Cuando me volvió a suceder otra noche, llamé gritando a mi madre, le expliqué todo y me dijo que no había nada”.

Como le siguió pasando noche tras noche, la niña decidió afrontar su miedo. “Un día me armé de valor y la miré. Nunca olvidaré ese momento. Lo primero que sentí fue un olor a rosas y jazmín... ningún jardín es comparable con ese aroma. Y la miré a la cara. Detrás de esa luz había una bella mujer, que me miraba con tanta dulzura, con tanto amor... que parecía que se me salía el alma por el pecho de tanto amor. Aquella mujer se sentó a los pies de mi cama y me dormí”, recuerda. “Y así casi todas las noches, durante mucho tiempo. Nunca me dijo nada. Sólo me miraba, y yo me dormía en paz”.

Su primera Comunión



María quería contarle a alguien lo que le estaba pasando, decirle al párroco o a las religiosas de su colegio “que yo en mi casa veía a la Señora”. Y decidió hacerlo en la catequesis de preparación para la primera Comunión. Pero no fue lo que ella esperaba: “mi sorpresa fue que allí me hablaban de un Dios castigador y de que todo era pecado”. Por eso se negó a volver a catequesis, “porque ése no era mi Dios, lleno de paciencia y de dulzura, y también porque no quería vestirme con esos vestidos de mini-novia”. Finalmente, se preparó en el pueblo de su madre, confesándose y recibiendo la Eucaristía el 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen.

Pasaron los años “y yo seguía con la intriga de contar lo que me pasaba, que veía seres de luz y también sombras”. Porque otra experiencia extraña de su infancia tuvo lugar cuando su padre llevó a casa a un curandero. “Yo tenía 10 u 11 años y me dolían mucho las rodillas. Él me puso las manos en las rodillas y a mis hermanos en otras partes del cuerpo que les dolían. Al irse, pude ver que lo acompañaba una sombra que iba a su lado. Era la primera vez que veía algo así. Le dije a mi padre que aquel hombre me daba miedo, que no volviese más, y gracias a Dios me hizo caso”.

Del vidente al reiki



María tenía 21 años cuando vio en la televisión a “un vidente de los que echan las cartas, y que dijo conocer a una mujer que veía a la Virgen. Así que lo llamé por teléfono y se lo conté. Él me dijo que rezara el rosario y que me iniciara en el reiki”. Confiada por el primero de los consejos, se decidió a descubrir lo que era el reiki. “Busqué a alguien cercano, en mi provincia, y me inicié en el primer nivel de reiki. Pero me pareció una tomadura de pelo, y volví a llamar al vidente, que me dijo: ‘haz todos los niveles, hasta la maestría; es ahí donde vas a poder canalizar esa energía’. Y lo hice”.

De esta forma, María hizo los niveles segundo y tercero de esta pseudoterapia espiritual, y llegó al curso superior, el de maestría reiki. “Yo tenía unas sensaciones muy raras, un malestar; y me decían que esto me sucedía porque estaba limpiando los canales de energía. Me hice maestra, después inicié a mi hermana, también a otra chica. Luego empecé a practicar los símbolos y las meditaciones que me decían”, recuerda.

Y fue entonces, antes de pasar un mes, cuando se intensificaron algunas experiencias extrañas en su vida. “Estaba en mi habitación con los ojos cerrados haciendo una de esas meditaciones. Sentí perfectamente cómo se abría un portal. Hacía frío, como si una corriente de aire congelado saliese de allí. Y vi unas sombras que intentaban salir también. Yo, con una angustia horrible, pedí a Dios y a la Santísima Virgen que ‘eso’ se fuese. Y así fue. Desde entonces, no volví a hacer ningún símbolo ni nada de reiki”.

El sueño del hombre de negro



Poco después, María tuvo un sueño al que da mucha importancia. “Una noche soñé que estaba durmiendo en mi cama y con el mismo pijama que llevaba puesto, tal como estaba realmente. Entraba en mi habitación un hombre vestido todo de negro y con el pelo muy oscuro. Yo di por sentado que era un demonio. Se puso frente a mí y me dijo: ‘¿Por qué le pides a Dios que te ayude, si yo te lo puedo dar todo?’. Yo me asusté y le pedí ayuda a la Virgen. Sentí una corriente, de mí salió una bendición –en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo– y aquel hombre desapareció”.

Ella sabía que no había sido un simple sueño. Y la confirmación llegó enseguida: cuando María acudió a casa de su madre, su hermana le contó que “había soñado que ella estaba en la calle y vio a un hombre vestido todo de negro que se le quedó mirando. Mi hermana entendió que era un demonio. Y en su sueño vio cómo se metía en el portal de mi casa”. María, entonces, le contó su propio sueño, y al descubrir la coherencia entre ambas experiencias “nos quedamos heladas”, señala.

Videncia, Constelaciones Familiares, Un Curso de Milagros...



En los años siguientes, María acudió a múltiples cursos y practicó diversas técnicas: grupos gnósticos, Brahma Kumaris, meditación budista... Pero “nada me daba un real consuelo”, explica ahora. Y dio un paso más: “una vez vi echar las cartas y empecé a ‘ver’ yo también. Las entendía y empecé a echarlas. Al principio gratis, pero como la gente venía a pedirme consejo a todas horas, empecé a cobrar dinero y a decirles que sólo se las echaría una vez al año. Hubo un momento en que también me cansé de eso”.

Su recorrido por las sendas de la Nueva Era continuó, ya que seguía habiendo graves problemas en su vida. “Volví a buscar, y me dijeron que había una señora que hacía Constelaciones Familiares y Un Curso de Milagros. Acudí a ella, y durante 4 años hacíamos ambas cosas el mismo día”, explica. “Al principio me fue genial, porque se hablaba del perdón, del cual yo tanto necesitaba... Durante el curso no se podía juzgar, ya que todos mostrábamos nuestras miserias, menos la guía, que parecía tener luz verde para decir lo que quisiera. Hasta que un día, en una de mis constelaciones, empezó a decir barbaridades sobre mi familia y cosas del pasado que ya no se podían demostrar ni comprobar”.

Por eso María dejó de acudir a las Constelaciones Familiares, pero siguió estudiando Un Curso de Milagros. ¿La razón? “Porque pensaba que, viniendo de Jesús, no podía ser malo”, afirma. Cabe recordar que se trata de una falsedad, ya que es un libro obtenido por canalización (espiritismo). Pero esta atribución de la obra a Cristo sigue siendo un factor de engaño fundamental para muchos creyentes.

La protagonista de esta historia continúa diciendo: “lo estudiaba a todas horas para comprenderlo mejor... pues, para empezar, es bastante complicado, e incluso te invita a que acudas a algún ‘maestro’, habla de ‘niveles’... Y, como casi todos los libros New Age, habla de un mundo dual, del bien y del mal. Pero mezcla palabras bíblicas y acaba diciendo de forma muy sutil que el mal no existe. Y luego, cuando tienes el mal ante ti, te quedas desarmado, vacío, y no reconoces las señales para salir corriendo”.

En la espiral del mal



A pesar de estos intentos de encontrar soluciones, María veía cómo ocurrían cosas inexplicables en su casa. “Mi hija, a quien jamás le había hablado de las sombras, me dijo que veía cómo unas sombras entraban de noche a mi habitación”. Además, “había sillas que se arrastraban solas, libros que caían de la librería... Incluso algunos de estos libros, tras colocarlos, volvían a caerse con fuerza, como si los lanzaran”. En otras ocasiones pudo oír voces, como gruñidos de animales, que también escuchaba su hija. Sin hablar de la cantidad de electrodomésticos y aparatos eléctricos que se han estropeado recién comprados.

“Tenía tal confusión que decidí abrir el Nuevo Testamento por la página que saliese, y leí el versículo donde Jesús advierte sobre los falsos profetas que surgirán anunciando su venida”, refiriéndose a Mt 24, 23-24. Poco después, algunos vídeos del padre José Antonio Fortea, experto en demonología, le sirvieron para identificar lo que estaba viviendo: “al fin entendí cómo obra el mal, y su obra me está ayudando mucho”.

“Siento el amor de Jesús”



Después de tantos años de sufrimiento, María lo tiene claro: “nos venden el ocultismo o el esoterismo como que nos van a abrir las puertas del paraíso, pero realmente sólo nos llevan a la confusión y a la manipulación. Ahora sé que sólo hay un camino: el que nos indicó Jesucristo. Y en este camino, nuestra Madre nos protege y nos cuida”.

En estos momentos, María está a la espera de un director espiritual que la pueda acompañar en su vida cristiana, aunque está recibiendo la ayuda de varios laicos y sacerdotes. “Me encuentro mucho mejor. Tengo una paz interior que no tenía desde hacía mucho tiempo”, declara ahora a Portaluz. La razón es clara: “siento el amor tan grande que Jesús nos tiene”.

Además, ha hecho “limpieza” de los libros que conservaba de su larga etapa en la Nueva Era –y que ha donado a la biblioteca de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) para que puedan servir en la investigación y el discernimiento–. Y no sólo eso: “me he quitado del yoga y voy a hacer la consagración a la Virgen Inmaculada”, añade al finalizar.
 
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