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Obispo argentino levanta alertas sobre la teleserie "Jesús" producida por empresa vinculada a la secta "Pare de sufrir"

Obispo argentino levanta alertas sobre la teleserie "Jesús" producida por empresa vinculada a la secta "Pare de sufrir"
Ante la teleserie "Jesús", producida por un medio vinculado a la secta "Pare de Sufrir", monseñor Sergio Buenanueva alerta que "la verdad completa de Jesús sólo la podemos tener en la fe de la Iglesia, que es la que nos enseña a leer los evangelios".
Actualizado 22 mayo 2020  
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Portaluz. Luis Santamaría del Río   


A primeros de mayo de 2020 el canal argentino Telefe estrenó la serie “Jesús”, que a lo largo de cerca de 200 capítulos repasa en formato de ficción televisiva la vida de Cristo. Ha resultado un notable éxito de audiencia, como lo fue antes en Brasil, de donde procede. De hecho, éste es uno de sus aspectos más polémicos: ha sido producida por Record TV, que está vinculada a la Iglesia Universal del Reino de Dios, secta multinacional también conocida como “Pare de sufrir”.
 
El obispo de San Francisco (Córdoba, Argentina), monseñor Sergio Buenanueva, conversó con Portaluz sobre esta serie y las cuestiones que plantea.
 


Que una nueva serie televisiva sobre Jesucristo sea un éxito de audiencia en Argentina, ¿es una buena noticia?
La buena noticia es Jesús, su persona, Él. Como decía Hans Urs von Balthasar: Cristo convence, tiene luz propia, ilumina la vida, atrae, inquieta, incomoda también, despierta interrogantes… su mensaje, por supuesto, pero también su persona. Que noche tras noche en Argentina la serie “Jesús” tenga el récord de audiencia por encima de otros programas muy vistos es un dato inquietante. Y, para quienes somos su Iglesia, sus discípulos –la misión de la Iglesia es anunciar a Cristo, hacerlo presente, que su nombre siga resonando en la sociedad–, éste es un dato interesante pero altamente cuestionado. El centro de la misión de la Iglesia es Jesús. Que se hable de Él es importante. Y se va a seguir hablando de Él… tenemos que pensar qué significa eso para la misión de la Iglesia hoy.

Pero usted ha podido ver los primeros capítulos de la serie. ¿Qué le parece, en general?
He visto pocos capítulos, lo que correspondería a la infancia de Jesús y los prolegómenos. Es una serie hecha con muchísimos recursos –eso es evidente–, está muy bien filmada. Creo que tiene un lenguaje muy popular, con escenas, diálogos y situaciones que acercan la historia que se cuenta a la vida de las personas, y creo que aquí tiene buena parte de su poder de atracción. Es un modo, de alguna manera, de actualizar el mensaje. Me parece que esto hay que tenerlo en cuenta.



Vayamos más al detalle: ¿es apropiada la presentación que se hace de la figura de Jesús?
Esa es la pregunta que me sigo haciendo… Por ahora no podría dar una respuesta completa porque, como decía, he visto unos pocos capítulos. Quiero avanzar un poco más porque todavía –al menos hasta lo que hemos visto aquí en Argentina– no ingresa el personaje fundamental, que es Jesús, y cómo presentan su persona, su mensaje… me parece fundamental. Uno está muy atento a la fidelidad de la historia que se cuenta –con las licencias que son normales en este tipo de realizaciones fílmicas–, la fidelidad a los evangelios porque, en definitiva, los evangelios son insustituibles para acceder a Jesús y para encontrarnos con el Jesús real, el Jesús por el que vale la pena entregarlo todo, y eso es lo que experimentamos sus discípulos.

Otra cosa que parece controvertida es la figura de la Virgen María… ¿cómo valora la forma de presentar la serie a la Madre del Señor?
Sí, la presentación de la figura de María es lo más controversial. Un dato significativo: en estos días, hablando con varias personas que comenzaron a ver la serie, personas católicas de nuestras parroquias, decían: “dejé de verla por el modo como presentan la figura de María, no me convenció, me resultó chocante”. Sí, es verdad. Yo he identificado cuatro puntos que son problemáticos –algunos son más graves que otros–.
Presenta, en primer lugar, el camino de la fe de María y, unida a ella, la figura de José, como una fidelidad “peleada” para ser realmente fieles a la Palabra de Dios. Esto no me parece del todo mal, aunque hay algunas exageraciones, porque la serie –como han hecho otras– busca de alguna manera colmar lo que no dice el Evangelio, y eso es problemático, sobre todo acentuando la dimensión psicológica de los personajes y demás. Pero, bueno, esto es un recurso que se puede admitir.
Los puntos más controversiales tienen que ver con el gran tema de la virginidad de María. La concepción virginal está asegurada, está presentada claramente: el Hijo de María, Jesús, es concebido por obra del Espíritu Santo, como recitamos en el Credo, sin concurso de varón. En la escena de la Anunciación, que es interesante cómo está planteada, sin embargo, las palabras del ángel a María omiten una palabra clave que sí está en el texto de Lucas: “llena de gracia”, que es central, casi un segundo nombre de María.
Esto es consecuente con lo que se presenta después [en la fe católica] sobre la virginidad perpetua de María: “concebido por obra del Espíritu Santo, nació de Santa María la Virgen”. Éste es otro nombre de María, sencillamente “la Virgen”, la bienaventurada y siempre Virgen María. Es un dato muy sólido de la fe de todas las Iglesias cristianas: católica, por supuesto; las Iglesias de Oriente, las ortodoxas; buena parte de las Iglesias que provienen de la Reforma…
La serie hace suya una hipótesis e interpretación de los textos bíblicos que señala que Jesús tuvo otros hermanos carnales. Pero como bien sabemos del análisis de los textos evangélicos que hablan de hermanos y hermanas de Jesús, la palabra castellana “hermano” traduce una palabra griega que no necesariamente indica hermanos carnales. Es la fe de la Iglesia la que desde el principio sostiene la virginidad de María, que ante todo es una afirmación sobre la persona de Jesús y, en ese sentido, también de Nuestra Señora, María, que es la primera discípula de Jesús o, como dice el Documento de Aparecida, “la más perfecta discípula de Jesús”.
Otro punto controversial, que está muy vinculado a éste, es que presenta la relación entre los dos jovencitos, María y José, con unos acentos afectivos que para algunos pueden ser chocantes...



Después de ver todo esto que nos dice, y dentro de lo que cabe en una versión televisiva, con sus licencias artísticas, ¿la serie “Jesús” refleja la verdad que nos cuentan los cuatro evangelios?
Esa es “la” pregunta que hay que hacerse ante esta serie, como frente a todas las producciones artísticas y literarias, e incluso teológicas o catequísticas, que encaran la figura de Jesús: en qué medida reflejan la verdad del Evangelio. Y hay que ser muy claro en esto: la única fuente para tener un acceso completo al Jesús verdadero, real e íntegro, son los cuatro evangelios en la fe de la Iglesia. Es la Iglesia la que ha visto surgir en su seno los cuatro evangelios –Mateo, Marcos, Lucas y Juan–, es la Iglesia la que los lee, la que los viene leyendo en su tradición viva desde hace dos mil años, y es la Iglesia la que nos enseña a leer los evangelios y a reconocer en su lectura –como hacemos cada domingo en la eucaristía, en la liturgia– la persona del Jesús real y vivo, no solamente la de un personaje que vivió hace dos mil años.
Los evangelios son insustituibles para nuestro acceso a Jesús. ¿Esto invalida este tipo de producciones? –el arte siempre se ha sentido atraído hacia Jesús– No, no lo invalida; pero sí nos hace conscientes de un riesgo que por una parte es inevitable, pero que vale la pena correr. Se trata de acercarse a Jesús, y el riesgo es reducir la figura de Jesús a nuestras búsquedas personales, sean las del artista, sean las del grupo que representa o de la época a la que pertenece. El jesuita francés Bernard Sesboüé tiene un libro en el que va repasando las distintas figuras de Jesús en los distintos momentos de la historia, y hace notar una verdad casi de Perogrullo: cada época elabora su imagen de Jesús, que se parece mucho al autor que escribe sobre Jesús. Eso pasa incluso con los grandes teólogos. Por eso, la verdad completa de Jesús sólo la podemos tener en la fe de la Iglesia, que es la que nos enseña a leer los evangelios.
En este sentido, esta serie corre ese riesgo al acentuar algunos aspectos más psicológicos, al utilizar este lenguaje de un relato más popular… corre más fuertemente el riesgo de desvirtuar la figura de Jesús. Y no hablemos del origen de quienes producen esta serie, la Iglesia Universal, una “iglesia” neopentecostal que profesa un acercamiento bastante problemático a la fe cristiana, que es la llamada “teología de la prosperidad”. Obviamente, estas cosas tienden siempre a reflejarse en el modo de contar y narrar a Jesús. Tendremos que estar atentos en la evolución de la serie a cómo aparecen estas cosas.

Detrás de la producción, como acaba de señalar, está la Iglesia Universal del Reino de Dios, un controvertido grupo neopentecostal de origen brasileño. ¿Esto influye en la valoración que podamos hacer de la serie? ¿Cree usted que les puede servir para el proselitismo?
Como dije, hay que estar atentos, porque el origen de esta serie en una productora que pertenece al fundador de la Iglesia Universal, que profesa esta “teología de la prosperidad” –para explicarla de modo sencillo: si tenés dinero en el bolsillo, es que Dios te ha bendecido; si no lo tenés, algo habrás hecho– y que además tiene un matiz político –estos grupos neopentecostales están muy cerca de algunos líderes en Brasil o en otros lugares del mundo–, y buscan una salida política, también aquí en Argentina.
Entonces, hay que estar atentos, porque normalmente un recurso del que siempre han echado mano estos grupos a lo largo de la historia es contar a su manera la historia de Jesús, acentuando aquellos rasgos que están más de acuerdo con su propia doctrina. Habrá que advertir y ayudar a las personas a un discernimiento. Eso a mí, como pastor, me interesa muchísimo, mucho más que decir “vean o no vean la serie”… yo no me ubico en esa postura pastoral. Me parece que hoy más que nunca, en los tiempos que corren, tenemos que ayudar a que los cristianos tengan criterio eclesial y evangélico para evaluar y discernir la calidad de este tipo de producciones.
A mí me gusta decir que este tipo de series, y otras –algunas incluso que suelen ser más agresivas con la fe de la Iglesia Católica–, si van a tener éxito, que lo tengan por sus propios méritos artísticos y no porque un obispo o un sacerdote salen a criticarlas fuertemente. Es una postura, aunque hay momentos en los que hay que decir claramente: aquí se está hablando mal de Jesús o de María o se está realmente ofendiendo nuestra fe. En el momento habrá que discernir qué respuesta dar.



En el fondo, ¿qué peligros puede traer para sus televidentes?
En lo que venimos conversando ya he señalado varias cosas: como siempre, el riesgo es la reducción de la figura de Jesús y de su mensaje. Por eso, la referencia a los evangelios y a la fe vivida de la Iglesia, a la fe profesada por la Iglesia, es fundamental. Pero hay un riesgo en particular que voy viendo en esta serie y es que, al intentar un relato más bien popular, acentúa dimensiones psicológicas y emocionales que son muy propias de nuestra cultura, que tiende a un acercamiento más bien emocional a los grandes valores de la fe y de la religión.
Reducir nuestra fe a lo puramente sentimental y emocional es un gran problema pastoral. No porque las emociones no sean importantes –al contrario, la fe toca las emociones, pensemos en grandes escuelas de espiritualidad: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús… que a la hora del encuentro con Jesús en la oración o en la meditación de los evangelios convocan también a los sentidos; y no hablemos de la liturgia de la Iglesia, que no es una cosa racional: es ver, sentir, tocar… lo que extrañamos en estos días de cuarentena en que no podemos celebrar la liturgia en nuestros templos es precisamente esa dimensión corpórea de nuestra fe–. Pero aquí estamos hablando de una reducción de la figura de Jesús y de su mensaje a los aspectos sentimentales o emocionales, no dando lugar a que la fe, que es una respuesta que tiene que tomarnos desde dentro en nuestra conciencia, en nuestra libertad, y así tiene que madurar nuestra respuesta a la Palabra de Dios que reconocemos en Jesús.
El riesgo de reducir a Jesús a nuestras propias búsquedas e intereses es que bloquea un aspecto fundamental del Evangelio. Por eso son importantes los evangelios como los predica la Iglesia: ahí aparece el Jesús real, que responde a nuestras búsquedas, pero también nos plantea y nos confronta con la voluntad de Dios, con lo que Dios quiere de nosotros, que no siempre corresponde con lo que sentimos en primera instancia. Me parece que ese riesgo es importante.



Como balance para las personas que lean sus palabras: ¿qué recomienda a los católicos y no católicos? ¿Pueden ver la serie, o la desaconseja totalmente? En el caso de que dediquen su tiempo a verla –decenas y decenas de horas–, ¿qué consejos puede darles?
Éste es para mí un punto muy importante, porque es el modo como yo entiendo que la Iglesia hoy tiene que anunciar el Evangelio y el modo como un obispo, un pastor tiene que ejercer su función: en el contexto de un mundo plural que se asemeja a una plaza donde se escuchan muchísimas voces –tengo la imagen que cuentan los Hechos de los Apóstoles de Pablo predicando en Atenas– y ahí está también la voz que anuncia el Evangelio de Jesucristo. Por eso a mí, como pastor, me interesa apelar a la conciencia y a la libertad de las personas, ofrecer criterios para que el Evangelio ilumine la conciencia, y se tomen ahí las decisiones pertinentes.
Hoy estamos hablando de la serie “Jesús”, pero hay otros campos donde el Evangelio toca la vida concreta de las personas, las decisiones personales, familiares… incluso el modo como el cristianismo se hace presente en la vida pública en una sociedad. La serie, si la vas a ver, vela con el Evangelio en la mano, tratando de cotejar en qué medida la serie es fiel al Evangelio y también en qué medida se aparta. Porque en algunos puntos –ya lo dijimos a la hora de hablar de la figura central de María, que no es un tema menor en los evangelios ni en la fe, pues si se menoscaba la figura de María se termina menoscabando el misterio de Cristo como Salvador– hay que estar atentos, porque algunas acentuaciones de la serie desvirtúan nuestra fe.
En última instancia, para mí, la gran pregunta que esta serie ha despertado y, sobre todo, por el interés que ha despertado en el público en Argentina, es: ¿quién es Jesús para mí? ¿Por qué sigo siendo cristiano? ¿Qué lugar ocupan Jesús y su mensaje en mi vida?

 
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