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Segunda Nota sobre la acción política en la construcción del Reino

Segunda Nota sobre la acción política en la construcción del Reino
Actualizado 7 enero 2020  
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Josep Miró i Ardévol   
  • La acción política desde la fe se realiza en una sociedad plural, basada en la democracia representativa liberal, y el capitalismo, así como sus instituciones, leyes y organizaciones. Es a partir de esta realidad que se debe actuar. Sin asumir previamente la realidad no existe ninguna capacidad de transformarla.
  • La primera tarea de la acción política del cristiano es limpiar su mente de la simplificación a la que nos ha habituado el régimen de partidos. La solución no es votar por un partido, militar en él, y ya está. Esta simplificación ha llevado incluso al deterioro de la democracia, porque esta exige participación, información y un mínimo interés por las actuaciones de los gobiernos y parlamentos.
  • Desde este punto de vista el enfoque cristiano de la democracia es regenerador, porque significa educar para su ejercicio pleno, continuado crítico y responsable. La democracia es un método, un instrumento, no un fin, sus formas son contingentes a las condiciones históricas. El fin es el ejercicio de la libertad que es un don de Dios al hombre, que cobra su sentido cuando permite optar entre opciones de bien, y carece de él, cuando existen opciones de mal.
  • La sociedad plural, la democracia representativa liberal y el capitalismo, la autonomía de lo temporal, no significa independencia, vida aparte. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios significa armonía y no contraposición entre ambos conceptos. El César, el estado nunca puede estar al mismo nivel de Dios, ni queda fuera del marco de referencia de lo creado por Dios, ni de su Ley y mandatos. Ni de la historia de la que Él es Señor.
  • Es un error creer que Jesús separó su mensaje de la política. Lo que evitó es que se concibiera como un partido concreto (partido local del judaísmo mesiánico). Pero la política es una concepción mucho más amplia que la cuestión organizativa de los partidos. Estos podrían desaparecer, pero no así la política, porque ella forma parte de la dimensión moral de la vida colectiva,
  • Es necesario tener claro qué es la política. Escribe Aristóteles: La Ciudad no consiste en la comunidad de domicilios, ni en la garantía de derechos, ni en las relaciones mercantiles. La Ciudad es la comunidad en el bien para alcanzar una existencia humana virtuosa. La política es eso. Y para el cristiano esto solo es alcanzable en plenitud en Jesucristo, porque la vida virtuosa no existe, o es muy improbable fuera de Él. Esta es la verdad que propagar, y sobre todo a realizar mediante el testimonio; el ejemplo y las obras.
  • La cuestión de fondo es que esto se debe realizar cristianamente, por tanto, fuera de toda teocracia. Porque siendo Jesucristo el camino y la verdad, no se puede imponer, sino proponer, incentivar, favorecer, porque el ser humano es libre incluso para equivocarse. Y esta acción solo alcanza su plenitud cuando es integral; esto es, política.
  • El error solo puede restringirse, incluso prohibirse, cuando desencadena daños materiales a terceros. Es decir, daños objetivos con independencia de las creencias del sujeto. En el ámbito de lo público, también significa que no se puede negar, ni impedir que se proclame y se viva de acuerdo con la verdad de Cristo.
  • El bien tiene prioridad sobre el derecho, porque el fin de este último es procurar el primero. Es una obligación política considerar qué es lo que favorece o perjudica al bien, incluido el bien moral, y la realización humana, que son bienes intrínsecos. Los gobiernos tienen que actuar de acuerdo con estas premisas.
  • Favorecer el bien no comporta sacrificar la libertad y la consiguiente autonomía personal porque esta, junto con la integridad y dignidad personal, es un bien necesario en sí mismo y para la consecución otros bienes.
  • La libertad se ejerce al elegir entre varias opciones moralmente buenas, y carencia de valor cuando se eligen hasta malas o vacías.
  • Por lo tanto, los poderes públicos tienen que proteger y fomentar los sistemas de valores, virtudes y las instituciones insustituibles socialmente valiosas, como el matrimonio, la maternidad, la paternidad, la filiación y la fraternidad entre otras.
  • Los poderes públicos deben contribuir a que las opciones moralmente valiosas estén a disposición de las personas porque puedan ser conocidas y asumidas con facilidad.
  • Esta protección y fomento tiene que realizarse, incluso limitarse, de acuerdo con el principio del daño, de forma que se excluya la discriminación o la penalización de las malas acciones cuando sean inofensivas o sin víctimas.
  • La neutralidad de los poderes públicos ante las opciones de bien no es deseable, incluso en la práctica es dudoso que resulte posible. Lo que sucede es que nuestros gobiernos favorecen opciones moralmente rechazables –el afán de lucro desmesurado, por ejemplo- y marginan otras realmente buenas –el trabajo en el seno de la familia para cuidarla. La neutralidad del estado es una hipocresía cargada de ideología.
  • El debate sobre las diferentes opciones de bien es el debate político por excelencia, y debe ser desarrollado si deseamos recuperar la práctica política de su degradación y su deriva oligárquica, y partitocrática. Si a los ciudadanos se los invita a pronunciarse sobre temas muy complejos y a debatir sobre ellos, como sucede con los programas electorales, carece de toda razón que no puedan pronunciarse con mayor propiedad sobre opciones de bien que están en la base de su vida cotidiana.
  • La autonomía personal exige del pluralismo moral. Esto no significa en ningún caso asumir el escepticismo, el subjetivismo, el relativismo moral. No significa aceptar que no se pueden identificar formas de vida indignas para la persona, ni actos malos. Lo que significa es que existe más de una manera incompatibles entre sí de ejercer el bien. Optar por la universidad o por la formación profesional son dos maneras de bien personal y social incompatibles, y en ambos casos deseables. Esto significa pluralismo moral. Abandonar los estudios obligatorios constituye, por el contrario, una opción moralmente rechazable, que no forma parte de aquel pluralismo. Que exista prostitución, para situar otro caso evidente, no expresa la pluralidad de moralidades, porque plantea una opción intrínsecamente mala para la mujer traficada, prostituida y para la sociedad. Se trata, en definitiva, de procurar una pluralidad de opciones valiosas, igual que hace el Estado aconfesional, neutral, con las diferentes confesiones religiosas.
  • En definitiva, preservar la libertad y la autonomía personal no requiere que los ciudadanos puedan realizar opciones inmorales, malas, sino que existan numerosas formas de hacer el bien. La competición política, si se plantea en términos de bien para la comunidad, tal como tendría que ser, exige de los poderes públicos la elección individual de opciones moralmente buenas. La posibilidad de elegir es necesaria porque la libertad solo se realiza si se da tal posibilidad.
  • Para que puedan existir opciones valiosas es necesario que exista en la sociedad una cultura y leyes que las reconozcan y apoyen y una acción de los poderes públicos y de sus instituciones en idéntico sentido. Estas instituciones sociales cumplen unos finos específicos que son necesarios y que nadie más puede desempeñar en condiciones óptimas. La política buena es aquella que se compromete con las opciones valiosas.
  • Las anteriores precisiones permiten situar la tarea de promover la construcción del Reino. En el proceso de construcción del Reino la ciudad de los hombres debe ser para todos. El sol sale para todos, para buenos y malos, nos dice el Señor. Al final Él es quien separa el trigo de la cizaña. De ahí que gobernar para el bien de todos significa también la existencia de la libertad para errar y actuar mal – siempre que no entrañe daños a terceros. Pero este gobernar para todos nunca puede confundirse con impedimentos a la construcción del Reino, porque el Reino es el bien para todos. La conformidad ha de alcanzarse por convencimiento, asentimiento e incentivos, y con astucia santa, es decir, con la capacidad de obtener los resultados que queremos con habilidad, sí, pero evitando todo engaño.
  • La política se puede realizar por dos vías. La de la democracia representativa, los partidos políticos, las elecciones, y la práctica parlamentaria. Es fundamental porque regula el poder, y está en crisis, porque en una medida variable pero cierta, la “idea de que no nos representan” es exacta. Lo que sucede es que esta omisión grave, también se debe en parte a una debilidad civil, de creer que la democracia se termina con el voto cada cuatro años, y que a partir de ahí uno se olvida y ya no debe interactuar políticamente.
  • De otra parte, los actuales partidos, al menos en el caso de España, o son contrarios, o responden mal a las grandes categorías cristianas, aun en el caso que en aspectos concretos reclamen alguna inspiración de ella, al tiempo que niegan otras decisivas, relacionadas con el mandato del amor. ¿O es que alguien cree que la política de fundamento cristiano puede prescindir de su mandato central?
  • La otra vía es la de participación política, que no exige una organización partidista. Esta es buena ahora y aquí por diversas razones: A) Porque supera el debate partidista en el que algunos cristianos con distintas afiliaciones no se sienten bien acomodados. B) Permite acciones concretas con objetivos bien definidos, y facilita tanto el necesario y prioritario reagrupamiento cristiano como el establecimiento de alianzas amplias y variables, según cada caso. C) Facilita organizar una gran corriente social cristiana en el seno de la sociedad, no sujeta inicialmente al debate sobre los partidos; D) Normaliza progresivamente la presencia política de los cristianos y sus planteamientos. E) Permite mediante una agenda acertada hacer visible la excelencia de las iniciativas políticas, es decir, favorables al bien común que nacen de esta acción impulsada por un implícito o explícito cristiano. F) Encarnan la necesidad cívica de impulsar medidas de regeneración democrática, con lo que comporta de proyección positiva hacia el conjunto de la sociedad.
  • Existen dudas sobre que los cauces establecidos para la participación política en España permitan actuar con eficacia. Cierto es que, comparado con otros países de Europa, estamos en desventaja, pero también es exacto que existen los suficientes para intervenir con fuerza y eficacia. Otra cosa es que se desconozcan o no se usen.
  • En relación con los cauces reglados de participación, hay vías a escala del estado, en muchas autonomías, y en las grandes ciudades. Habrá tiempo y ocasión para identificarlas y explicar cómo usarlas. Se trata, en definitiva, de incidir precisamente sobre los gobiernos y la legislación. Nada más y nada menos que de hacer leyes y llevarlas a las instancias parlamentarias para su aprobación o rechazo. Esto permite situar en el escaparate público alternativas a la situación actual.
  • Existe otra línea de acción reglada solo en algunos aspectos, que es la de intervenir sobre leyes en tramitación.
  • Un tercer aspecto es utilizar la obligación legal de que determinadas acciones de gobierno y leyes se ajusten a obligaciones previamente establecidas. Sucede por ejemplo con la familia, y la exigencia legal de memorias preceptivas del impacto de las leyes sobre ellas, y lo incumplen tanto el Congreso y Senado, como el Gobierno, incluso el Consejo de Estado.
  • Después existen, sobre todo en el ámbito local, todas las distintas vías de participación, incluidas las presenciales.
  • La vía presencial en el espacio público en todas sus variables debe ser utilizada y en todo caso adecuada a un estilo cristiano de acción.
  • Otro capítulo diferente y que puede interactuar con el anterior es la legislación sobre información, rendimiento de cuentas y transparencia. Hay diversos mecanismos que, aunque muy imperfectos, permiten indagar, obtener información, cuyo uso y divulgación posterior ya forma parte de la vía de participación democrática y pueden constituir por sí misma formas de intervención eficaces al mostrar lo ocultado.
  • Finalmente, la envolvente y condición necesaria de todo ello: la capacidad masiva y acierto de actuar en Internet, constituye una condición necesaria. Con una diferencia favorable, su combinación con las vías regladas de participación multiplica por mil su eficacia. También es un factor con capacidad para generar acontecimientos.
  • La condición fundamental para que esto funcione es actuar unidos, agrupados, como Pueblo de Dios.
 
 
Fuente: Forum Libertas


 
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